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Opinión

¿Cuáles son las implicaciones de Karina N. detrás de las rejas?

Sin Censura

No es nada fácil la vida en prisión. Que un juez federal vinculara a proceso el fin de semana pasado a Karina N. por los delitos de extorsión y falsedad en declaraciones contra Waldo Fernández, y determinara prisión preventiva hasta que acabe el juicio, tendrá implicaciones muy graves. 

Al margen del centro de readaptación social donde se esté recluida, en prisión se come muy mal, se duerme muy mal y se vive muy mal. En ninguna parte del mundo será lo mismo adentro que afuera. 

Un preso me lo dijo hace varios años: “En la prisión te quitan el alma”. A Karina N. le han quitado el alma. 

Al comedor se le conoce como “el rancho”. Una especie de galpón desolado, con intervalos de pastoso aburrimiento. 

Varios días a la semana la comida comprende pollo desmenuzado y repollo caldoso. Las reclusas forman largas filas para recibir su porción. Las compañeras de celda no siempre alientan la buena convivencia y quien te acompañe en ese entorno es una moneda al aire: puede irte más o menos bien, o absolutamente mal. 

Un albur. 

La incertidumbre se percibe en el aire. Late más la indignación que el arrepentimiento. Flota un entorno hostil que se estaciona en la mente. 

Waldo ha declarado que acepta la propuesta de la defensa para un eventual acuerdo reparatorio. 

Incluso se estimó una fecha para analizarla: 26 de marzo. 

Con eso, argumenta Waldo, con haber “limpiado su nombre”, le resultará suficiente. 

¿Lo es? 

Se activó la maquinaria de la justicia, que no suele ser rápida; suele dilatarse más de la cuenta, pero en este caso avanzó persistente, tenaz. Sin embargo, surge la versión de que sería suficiente la propuesta de reparación del daño. 

¿Lo es? 

Comienzan a barajarse nombres de más presuntos involucrados. Se amplían las conjeturas de responsables. 

Insiste una de las partes en que de ninguna manera se filtra la política en este proceso, que es eminentemente penal. 

Sin embargo, la política es una manta que lo cubre todo, lo abarca todo. Y las consecuencias —inevitablemente— serán para todos. 

Cuando se cruza una línea roja no hay posibilidad de dar reversa. Dice Shakespeare, en su obra Julio César, que, si la maldad se levanta, toma el rumbo que desea. 

Y la maldad, en este caso, se levantó y a más de uno le robará para siempre el alma.

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