¿Cuáles son los votantes olvidados en NL?
Sección Editorial
- Por: Eloy Garza
- 28 Octubre 2026, 04:59
Hay un votante regiomontano que está muy enojado y Morena lo quiere anestesiar.
El domingo pasado hablé con un repartidor de Rappi en Apodaca, todo el día en la moto, sin IMSS, sin aguinaldo, con la app bajándole la tarifa cuando se le antoja.
El repartidor me confesó: “el gobierno me sale con apoyos y yo sigo sin contrato. Siento que me tratan de comprar”.
Está muy disgustado por cómo van las cosas. No quiere despensa. Quiere que dejen de usarlo.
El lunes pasado tuve una plática con un albañil que me auxilia a veces en San Pedro. Trabaja por jornada, cobra en efectivo, se acaba la obra y se queda en la calle.
Me contó que cada elección llegan los políticos con promesas y despensas, y nunca con un contrato que valga la pena. Que lo dignifique.
“Nos traen como mulas y luego nos tiran”, me dijo. También está molesto. Sabe que el poder solo se acuerda de él cuando necesita su voto.
Ayer hablé con un técnico subcontratado en Pesquería. Le formulé las mismas preguntas. Arma líneas de producción para empresas de nearshoring, pero su contrato dura tres o seis meses y se acaba.
El gobierno federal presume muy orondo empleos y él sigue siendo pieza descartable. Un simple torno.
“Aplauden las inversiones y a nosotros nos tratan como basura”, me dijo.
Igual que los otros, que muchos, que casi todos, está enojado, ofendido, indignado.
Ayer mismo le hice una entrevista a una joven de 27 años en Guadalupe, licenciatura en administración, trabajando en un call center y viviendo con sus padres porque no le alcanza para la renta.
Le prometieron que estudiar le daría casa y estabilidad. Ahora el gobierno le ofrece becas y apoyos como si fuera estudiante vitalicia. “Me mintieron”, asegura. Igual que los demás, se le refleja la rabia.
Junto a ella, un vendedor de plataformas. Arma paquetes en su casa y espera la temporada de descuentos para juntar algo.
Ni Morena ni el PAN ni ningún otro partido le hablan de cómo salir de ahí. Solo de programas sociales. “No quiero ser nomás beneficiario. Quiero un futuro”, me dijo.
Esta es gente a la que le robaron su futuro. Los académicos dirían que a esa gente se le termina instrumentalizando.
En Nuevo León, el sistema político, la casta en el poder, no persuade. Los compra. Sustituye el voto de argumentación por el voto pagado con apoyos.
Pero la exigencia es cada vez más fuerte y el coraje social crece: no se puede anestesiar a esos trabajadores con apoyos sociales mientras en el poder se roban el dinero.
Casos como el de Guadalupe Taddei en el INE —contratos opacos, gastos cuestionados, uso discrecional de recursos públicos— demuestran que hay dinero para todo menos para terminar con la precariedad.
El mismo gobierno que le ofrece una despensa o un depósito al repartidor o a la joven del call center es el mismo que deja que funcionarios manejen millones de pesos sin rendición de cuentas.
Eso, más que apoyo, es insulto disfrazado.
Ese votante potencial regiomontano no está pidiendo más migajas. Exige, aunque nadie lo quiera escuchar, que dejen de robarse el dinero que debería servir para generar empleo formal, vivienda accesible y vida laboral digna.
Mientras existan Taddeis manejando recursos a discreción y al mismo tiempo se pretenda comprar votos con apoyos, la rabia va a subir. Y cuando llegue a las urnas, el que siga creyendo que se puede anestesiar a ese elector ofendido con programas sociales para bajarle su voto perderá irremediablemente la elección.
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