La defensa a ultranza que se realiza de Guadalupe Taddei desde el palacio construido por Hernán Cortés, junto al Poder Legislativo federal y los liderazgos morenos, obliga a despertar suspicacias.
Guadalupe Taddei evidentemente se condujo en forma irregular; si es o no corrupta, lo dirán los jueces de acordeón, es decir, usted, amable lector, ya sabe el veredicto: resultará más pura y santa que aquel personaje de Héctor Suárez, El Negro Tomás.
Ante la opinión pública y derivado de lo difundido en medios, la señora es culpable por actos en los que se presume la adquisición de riqueza no explicable en ella o sus familiares, pero insisto, no nos toca afirmarlo.
Desde el púlpito mañanero, la líder del morenismo se ha empeñado en defender a la exfuncionaria de la autoridad electoral. Es extraña la actitud asumida en el gobierno federal, pues, por un lado, afirman que no es cercana a la 4T; por el otro lado, la Presidenta asegura que sí cometió actos al margen de la legalidad y, por otro lado, emprenden su defensa a ultranza como si supieran que el actuar de la sonorense les afectara en la imagen y, además, fuera alguien muy cercano.
Si lo hecho por Taddei afecta a los cuatroteños, es porque saben que sí hay forma de vincular a la señora y su paso por el servicio público con el poder político federal y el partido hegemónico.
La Presidenta acusa a expresidentes del consejo del IFE o INE como quienes tuvieron nexos con la empresa favorita de Taddei; luego asegura que Lorenzo Córdova es miembro del nuevo partido Somos; en consecuencia, pretende establecer la narrativa de que Córdova es tan corrupto como Taddei porque él tuvo contratos con el empresario. ¡Más amañada la narrativa, imposible!
Es de vergüenza el papel del poder moreno actuando al unísono en busca de exonerar a la funcionaria presumiblemente corrompida o, al menos, establecer una narrativa de que los anteriores también lo fueron.
No comprendo la reacción virulenta de la Presidencia de la República para poner en juego su prestigio por alguien que, en teoría, no tendría nexos con los liderazgos cuatroteños; claro, siempre existe la posibilidad de que, en este lodazal, salgan salpicados muchos nombres encumbrados.
Dejemos algunos puntos en claro. Aunque los hermanos Hernández Casillas fueran proveedores del INE en tiempos pasados, eso no implica que la corrupción haya estado en esos tiempos. Es posible que iniciara en los tiempos de Taddei porque los hubieran querido sacar de la proveeduría y por ello recurrieran a la corrupción de funcionarios. Algo novelada la hipótesis, pero tan posible como la narrativa oficial de pretender igualar a Taddei con Córdova.
Deberían explicar a la líder que defender lo indefendible le traerá consecuencias, pues asumirá parte del desprestigio y, que no siendo ella parte del problema, es mejor deslindarse en vez de seguir construyendo narrativas en las que defiende a Lupita.
Taddei se suma a casos como el de Rochita, Adancito, Andy, el gober de Michoacán, la de Baja, Colima, Campeche y muchos otros.
La líder de los morenos lleva una buena hoja de servicio con el combate al huachicol y a la delincuencia, además de la resistencia estoica a los dislates del vecino, no necesita subirse al ring de las corruptelas.
Es tiempo de salir del tema, beneficio no lo hay y sí el riesgo de cargar con las consecuencias ante la insistencia por defender uno de los momentos de corrupción más escandalosos del siglo XXI.
¿El interés por defender la potencial corrupción se debe a que quieren imponer a otra persona del mismo perfil con miras a junio de 2027?
