Cuando el espejo se convierte en enemigo
Sección Editorial
- Por: Marysol Flores
- 29 Octubre 2026, 00:00
“Lo primero que tenemos que hacer contigo es trabajar con tu peso”. Esta fue la frase que escuchó una adolescente de 16 años cuando una entrenadora la invitó a formar parte de un equipo deportivo. Lo que parecía una simple observación terminó convirtiéndose en una experiencia que marcaría profundamente su vida.
Hace unos días, en Familia Viva Podcast, escuchamos el testimonio de nuestra invitada, quien durante su adolescencia enfrentó un trastorno de la conducta alimentaria (TCA). Su historia nos dejó muchas reflexiones, pero, sobre todo, una pregunta que deberíamos hacernos como padres, madres y educadores: ¿somos conscientes del poder que tienen nuestras palabras sobre la manera en que nuestros hijos e hijas aprenden a verse a sí mismos?
Vivimos en una sociedad obsesionada con la apariencia física. Desde pequeños escuchamos comentarios sobre el peso, las dietas y los cuerpos que supuestamente deberíamos tener. A veces, sin darnos cuenta, celebramos cuando alguien adelgaza, criticamos cuando sube de peso y convertimos la alimentación en un sistema de premios y castigos.
Nuestra invitada nos compartió algo especialmente revelador: era una adolescente delgada, deportista, sociable y con excelentes calificaciones. Aparentemente tenía todo bajo control. Sin embargo, detrás de esa imagen existía una enorme autoexigencia, una necesidad constante de reconocimiento y dificultades para expresar sus emociones.
Esto rompe uno de los grandes mitos sobre los trastornos alimentarios: no tienen una apariencia determinada. No siempre podemos identificarlos por el peso de una persona. En ocasiones, quienes los padecen continúan estudiando, trabajando y participando en sus actividades mientras enfrentan una batalla silenciosa.
Otro aspecto que llamó mi atención fue el peso de las expectativas. Nuestra invitada describió cómo había crecido intentando ser la hija perfecta, la estudiante perfecta y la amiga perfecta. Cuando alguien cuestionó su cuerpo, encontró una nueva exigencia que cumplir. Y cuando comenzó a recibir elogios por perder peso, esos comentarios reforzaron una conducta que poco a poco se volvió peligrosa.
¿Cuántas veces hemos felicitado a alguien por adelgazar sin preguntarnos qué hay detrás? ¿Cuántas veces nuestros hijos e hijas nos han escuchado hablar negativamente de nuestro propio cuerpo?
A esto debemos sumar las redes sociales, donde niñas, niños y adolescentes están expuestos constantemente a cuerpos idealizados, dietas extremas y estándares de belleza prácticamente imposibles de alcanzar.
Pero quizá una de las reflexiones más importantes del episodio tiene que ver con la familia. Nuestra invitada contó que su recuperación no consistió únicamente en recibir atención profesional. Su familia también decidió involucrarse, revisar sus dinámicas de comunicación y aprender a expresar emociones que durante años habían permanecido en silencio.
Los trastornos de la conducta alimentaria son enfermedades complejas en las que intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales. No se trata de buscar culpables ni de reducirlos a problemas de autoestima. Sin embargo, las familias podemos convertirnos en un entorno de protección, escucha y acompañamiento.
Necesitamos aprender a identificar señales de alerta: preocupación excesiva por el peso, culpa después de comer, cambios importantes en los hábitos alimentarios, aislamiento social o una relación cada vez más angustiante con la comida. Buscar ayuda profesional temprana puede hacer una gran diferencia.
Me quedo con una reflexión nuestros hijos e hijas no necesitan crecer creyendo que tienen que cambiar su cuerpo para merecer amor. Necesitan saber que su valor nunca ha dependido de una báscula.
Quizá la prevención comienza mucho antes de hablar de trastornos alimentarios. Comienza cuando dejamos de juzgar los cuerpos, enseñamos a reconocer las emociones y construimos hogares donde nadie necesita ser perfecto para sentirse amado.
Los invito a escuchar el episodio completo de Familia Viva sobre los trastornos de la conducta alimentaria, disponible en YouTube y Spotify. Es un testimonio que vale la pena escuchar, especialmente si tenemos adolescentes en casa.
Porque cuidar la salud emocional de nuestros hijos e hijas también significa enseñarles a mirar su cuerpo con respeto y amor.
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