Ron_Rolheiser_1x1_269c01155c
Opinión

No intentes imaginar a Dios

Espiritualidad

Si intentamos imaginar a Dios, es fácil terminar siendo ateo. ¿Por qué?

Intenta imaginar esto: creemos que una sola Persona, Dios, es el único creador de todo lo que existe. Ahora bien, todo lo que existe —aunque sea finito— ya supera nuestra capacidad de imaginación: miles de millones de galaxias, billones de planetas y miles de millones de personas a lo largo de miles de años. Además, creemos que Dios conoce cada roca, insecto, animal y planta, no solo en la Tierra, sino en cualquier lugar del universo. ¿Cómo podemos abarcar algo así con nuestra mente? No podemos.

Y está, además, la cuestión de intentar visualizar el alcance del amor de Dios. Hoy en día hay más de 8,000 millones de personas en el mundo, y nuestra fe nos pide creer que Dios ama a cada una de ellas de manera individual e íntima, como si fuera la única persona en el mundo. Es más, a lo largo de millones de años, Dios ha amado íntimamente a cada hombre, mujer y niño en esta Tierra, remontándonos hasta nuestros antepasados que vivían en cuevas. ¿Cómo puede una sola mente, un solo corazón, una sola persona hacer esto? Supera nuestra capacidad mental.

Sin embargo —y este es el punto clave—, no está hecho para ser imaginado o conceptualizado.

Dios es infinito. El infinito, por definición, es imposible de imaginar. (Por ejemplo, ¿cuál es el número más alto que se puede contar?). El infinito nos lleva más allá de lo que puede ser conceptualizado. Para conceptualizar algo, la mente necesita un punto de partida; sin embargo, Dios no tiene principio. De hecho, en la medida en que nos creamos una imagen mental de Dios, siempre terminamos con algo que es menos que Dios; a menudo, con un ídolo.

Y el problema es que constantemente reducimos a Dios para que quepa en el tamaño de nuestra imaginación, cuando, por su propia esencia y definición, Dios es inefable: imposible de visualizar, imaginar o capturar en un concepto. Esta es una enseñanza dogmática tanto en todas las iglesias cristianas como en el judaísmo. Como dice el profeta Isaías, Dios es santo; es decir, está más allá de toda visualización y conceptualización, más allá de cualquier cosa que se pueda imaginar. Por eso, las Escrituras afirman que, en esta vida, “nadie puede ver el rostro de Dios y seguir viviendo”.

Sin embargo, como cristianos, creemos que Jesús vino a nosotros y que, a través de su persona y sus enseñanzas, dio una expresión concreta —una encarnación— de Dios, permitiéndonos así comprender, imaginar y hablar con veracidad sobre ciertos aspectos de la divinidad. Conocer a Jesús es conocer a su “Padre”.

No obstante, esto no equivale a encerrar a Dios en un concepto. En efecto, podemos “conocer” a Dios, mas no podemos pensar a Dios. Jamás podremos crear una “imagen” de Dios.

¿Por qué es esto importante? Porque, siempre que creamos una imagen de Dios, terminamos con algo que es menos que Dios; algo que, invariablemente, acaba sirviendo a nuestros propios intereses.

Los críticos del cristianismo nos acusan de crear constantemente a Dios a nuestra propia imagen y semejanza. Hay mucha verdad en ello. Por eso, el Dios que nosotros fabricamos suele preferir a las mismas personas que nosotros preferimos, odia a quienes nosotros odiamos, emite los mismos juicios que nosotros, nos considera superiores a otras razas, favorece a nuestro país por encima de los demás y nos asegura que nuestra religión —junto con nuestra propia interpretación de la misma— es el único camino verdadero hacia el cielo.

Siempre que encerramos a Dios en un concepto, acabamos con un Dios que no es más inteligente ni más compasivo que nosotros, cuyo corazón no es más grande que el nuestro y que, en definitiva, resulta indigno de Jesús y del cristianismo.

Durante doce años, impartí un curso a seminaristas titulado “Teología de Dios”. El programa abordaba diversos temas: cómo se presenta a Dios en las Escrituras, el desarrollo histórico de nuestros credos dogmáticos sobre la divinidad, la especulación teológica en torno a la naturaleza de Dios, las críticas más relevantes planteadas por los ateos a nuestra fe cristiana, así como las aportaciones de los místicos y de la piedad popular sobre cómo podemos establecer una relación más afectiva con Dios. Mas a lo largo del curso, y particularmente al final, solía decirles esto a los seminaristas: “Hagan lo que hagan en su enseñanza, su predicación y su práctica pastoral, ¡traten de no hacer que Dios parezca estúpido!”.

En esencia: procuren no presentar a Dios como alguien tribal, racista, nacionalista, legalista, sectario, sexista, rígido, mezquino, vengativo, iracundo o a la defensiva; en definitiva, no lo presenten como algo que no sea una sabiduría inimaginable, un amor inimaginable, un abrazo inimaginable y un perdón inimaginable. No intenten convertir a Dios en un ser humano más, con todos nuestros defectos.

Conozco a ateos y agnósticos sinceros y de buen corazón que no creen en Dios porque, al intentar imaginar a una Persona que crea millones de universos, miles de millones de seres humanos y una cantidad incalculable de minerales, plantas y animales —y que, además, conoce y ama íntimamente cada elemento de la existencia, como si fuera lo único que existe—, simplemente no logran imaginarlo.

Nosotros tampoco podemos. No es algo que deba ser imaginado; es algo que debe conocerse en una “nube de no saber”, algo que invita a expandir nuestra mente y nuestro corazón más allá de sus límites naturales, conduciéndonos a un asombro tal que nos lleva a doblar las rodillas en señal de adoración.

Ron Rolheiser, OMI
www.ronrolheiser.com

más del autor

Espiritualidad

Cuando estaba en la escuela secundaria leímos un cuento alemán titulado...

Debes tener una madre maravillosa

Hay un momento en los Evangelios en el que, mientras Jesús habla, una mujer...

Relacionarnos con nuestros seres queridos después de su muerte

En 1979, Sheldon Vanauken publicó un libro titulado *A Severe Mercy* (Una...

El pecado original

Una vez tuve el privilegio de asistir a un curso impartido por James Mackey....

últimas opiniones

No intentes imaginar a Dios

Si intentamos imaginar a Dios, es fácil terminar siendo ateo. ¿Por...

Caso Taddei: lecciones para NL

La renuncia de Guadalupe Taddei al INE, formalizada ayer, deja al Instituto...

¡Bye, bye, viajecito a España!

A los diputados locales de Nuevo León, estimado lector, se les acabó el...

Sale humo blanco en IEC

Aunque todavía falta la ratificación por parte del convulsionado Consejo...

×