Cuarenta años después, otro diez
Sección Editorial
- Por: Antonio Rosique
- 23 Junio 2026, 04:57
El 22 de junio de 1986, Diego Maradona convirtió dos goles que cambiaron para siempre la historia de los Mundiales.
Uno desafió las reglas.
El otro desafió la imaginación.
La Mano de Dios y el Gol del Siglo quedaron grabados para siempre en el Estadio Azteca.
Cuarenta años después, otro diez argentino eligió la misma fecha para apropiarse de una nueva página de la historia.
Lionel Messi se convirtió en el máximo goleador en la historia de las Copas del Mundo.
No fue una casualidad.
Las leyendas rara vez creen en las casualidades.
Argentina volvió a encontrar refugio en su emblema. El partido ante Austria permaneció cerrado durante largos minutos. Entonces apareció Messi. Dos goles. Dos soluciones. Dos recordatorios de que el tiempo avanza para todos, excepto para algunos elegidos.
La Albiceleste aseguró el primer lugar de su grupo y despejó el camino hacia las rondas decisivas.
No persigue el poder.
Lo administra.
Lo hace con la tranquilidad de quien ya conoce el paisaje de las grandes montañas.
Pero mientras Messi contemplaba la cima, el Mundial respondió con una nueva historia.
En Filadelfia apareció Kylian Mbappé.
Dos goles ante Irak.
El francés alcanzó la marca de Miroslav Klose y quedó a sólo dos goles del argentino.
La persecución continúa.
Y desde el norte llegó otro aspirante.
Erling Haaland.
El gran cañonero de la Premier League.
El noruego suma ya cuatro goles en este Mundial.
Uno menos que Messi.
Los mismos que Mbappé.
La vieja guardia aún gobierna.
Pero los herederos ya están golpeando la puerta.
Quizá esa sea la gran historia de este Mundial.
Messi sigue ampliando una obra que parece destinada a la eternidad.
Mbappé acelera para alcanzarlo.
Haaland, en su primer Mundial, carga el martillo de los goleadores.
Tres caminos distintos.
Tres épocas superpuestas.
Una misma montaña.
Y en la cumbre, por ahora, se yergue orgulloso el viejo diez.
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