Y en un abrir y cerrar de ojos, el ciclo escolar termina y llegan las tan esperadas, o a veces temidas, vacaciones familiares.
No importa cómo esté conformada tu familia. Con hijos pequeños, adolescentes, abuelos cerca o lejos. Las vacaciones suelen regalarnos algo que escasea durante el resto del año: tiempo. Un espacio para bajar el ritmo, respirar y salir, aunque sea por unas semanas, del constante ir y venir de los días.
Los seres humanos somos cíclicos. Así como existe el día y la noche, también necesitamos momentos de actividad y momentos de descanso. Nuestro cuerpo funciona así, nuestras emociones también. Incluso los conflictos requieren pausas para poder reconciliarnos.
Las vacaciones representan precisamente eso: una pausa necesaria dentro del ciclo anual para recuperar energía y reencontrarnos con quienes más queremos.
Daniel Siegel, especialista en desarrollo infantil, explica que las relaciones cercanas se fortalecen a través de momentos de conexión cotidiana. No son necesariamente los grandes viajes o los eventos extraordinarios los que construyen vínculos profundos, sino la presencia, la atención y el tiempo compartido.
Y es justamente durante las vacaciones cuando se abren ventanas de oportunidad para conocer mejor a nuestros hijos y permitir que ellos también nos conozcan mejor.
Por eso, más allá del miedo que muchos padres sentimos al preguntarnos qué haremos con los hijos durante estas semanas o cómo organizaremos la logística familiar mientras seguimos trabajando, quiero invitarte a mirar las vacaciones desde otra perspectiva: como una oportunidad.
Primero, amplía tu red de apoyo. Si trabajas durante el verano, este es un buen momento para apoyarte en los abuelos, los tíos, los primos o en otras familias de confianza. Pedir ayuda no es una señal de fracaso; es una muestra de colaboración y comunidad.
Segundo, recupera el juego. Desempolva los juegos de mesa, arma rompecabezas, construyan con bloques, inventen historias o simplemente siéntense en el piso a jugar. Cuando jugamos con nuestros hijos, entramos en su mundo.
Tercero, tengan conversaciones profundas. Si tienes hijos adolescentes, aprovecha para compartir historias de tu infancia, tus errores, tus sueños y tus aprendizajes. Muchas veces estas conversaciones dejan huellas que duran toda la vida.
Cuarto, aprendan algo nuevo juntos. Las vacaciones son una excelente oportunidad para explorar intereses nuevos: un deporte, un instrumento musical, arte, robótica, cocina o incluso un idioma. Y no tiene que ser solo para los hijos. Los adultos también podemos aprender y modelar la curiosidad que queremos ver en ellos.
Y quinto, dale la bienvenida a la calma. Estamos tan acostumbrados a correr que la tranquilidad puede parecernos incómoda. Los daneses tienen una palabra hermosa para describir esos momentos de bienestar sencillo: hygge. Es el placer de compartir una comida sin prisa, una conversación tranquila o una tarde de películas en casa. Las vacaciones son una invitación perfecta para cultivar esos pequeños momentos.
Y este verano tiene además un ingrediente especial: el Mundial de Futbol que se vive en nuestro país. Más allá de los partidos, es una oportunidad para conversar con nuestros hijos sobre trabajo en equipo, disciplina, perseverancia, respeto y esfuerzo.
Me encantaría conocer las ideas y herramientas que utilizan en casa para vivir unas vacaciones en sintonía y positivas para todos. Puedes escribirme a nuestras redes sociales en @familiaviva.mx.
Gracias por leerme. Nos vemos la próxima semana.
Dra. Marysol Flores Martínez
TEDx Speaker · Autora · Consultora · Familióloga
Dra. en Liderazgo y Desarrollo Humano
Maestría en Psicología Neuroeducativa
Maestra de cátedra del Tec de Monterrey
Fundadora de @familiaviva.mx
