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Opinión

Nuevo León se enchufa con ganas

El diván interior

Hasta hace poco, hablar de electrolineras en Nuevo León era hablar de casi nada. Hoy el panorama cambió: en las últimas semanas se inauguraron las primeras mega estaciones de carga rápida de la entidad, con cargadores de 120 kilowatts capaces de atender hasta 74 vehículos simultáneamente. 

La inversión privada detrás del proyecto supera los $800 millones de pesos, e incluye un taller especializado con capacidad para 1,500 vehículos al mes. Es la apuesta más seria en movilidad limpia que ha visto el estado.

Y esta semana llegó otra señal igual de contundente: una marca automotriz internacional anunció que a partir de agosto comenzará a producir en su planta de Pesquería el primer vehículo eléctrico ensamblado en Nuevo León, con una inversión de $649 millones de dólares que generará 500 empleos este año y 1,500 hacia 2030. 

El modelo —un compacto 100% eléctrico que hasta ahora solo se fabricaba en Asia— se destinará tanto al mercado nacional como a la exportación. Hecho en Nuevo León, para el mundo.

El contexto nacional acompaña: México cerró el primer trimestre de 2026 con más de 235,000 vehículos eléctricos e híbridos en circulación, un crecimiento del 83% en un año. Nuevo León ocupa ya el tercer lugar nacional en ventas de autos electrificados. El precio de la gasolina hace el resto.

Pero aquí viene la pregunta incómoda: ¿Está Monterrey urbanísticamente preparada para esta transición?

Porque una ciudad diseñada en torno al automóvil de combustión, con avenidas que premian la velocidad sobre la habitabilidad, con escasa integración entre transporte público y zonas de trabajo, con desarrollos habitacionales en la periferia sin servicios a pie, no se convierte en ciudad eléctrica solo por instalar cargadores en plazas comerciales del poniente.

La electromovilidad real exige repensar el espacio urbano: corredores de carga en colonias populares, no solo en zonas de alto poder adquisitivo; integración con el Metro y el Transmetro para que el vehículo eléctrico sea parte de una cadena de movilidad, no su sustituto; normativa que obligue a nuevos desarrollos a incluir infraestructura de carga desde su diseño.

Nuevo León produce ya el auto del futuro. La pregunta es si está construyendo también la ciudad que lo reciba.

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