De blanco y negro a color
Sección Editorial
- Por: Javier Gutiérrez
- 01 Junio 2026, 02:00
Muchas personas viven convencidas de que la realidad es tal como la perciben. Que lo que piensan, sienten e interpretan es la vida misma. No lo cuestionan. No porque no quieran, sino porque no conocen otra forma de experimentar.
Es como haber crecido viendo televisión en blanco y negro. Para quien nunca ha visto el color, esa imagen es completa. Es suficiente. Es lo único que existe. No hay comparación posible, no hay duda. Así es la realidad.
Algo similar ocurre cuando no hay un trabajo interior. La mente se convierte en el filtro absoluto de la experiencia. Pensamientos, emociones e impulsos aparecen… y automáticamente se asumen como verdad. “Así soy”, “así es la vida”, “esto es lo que hay”.
Pero lo que muchas veces no vemos es que estamos percibiendo desde un estado limitado de conciencia. No porque esté mal, sino porque no ha sido explorado.
Desde la práctica del mindfulness y el enfoque del zen secular, comenzamos a notar algo distinto: que no somos únicamente lo que pensamos. Que una emoción puede sentirse sin definirnos. Que un impulso puede observarse sin obedecerse.
Ese descubrimiento no es inmediato ni espectacular. Es gradual. Sutil. Pero profundamente transformador.
Es como si, poco a poco, la imagen comenzara a cambiar. Donde antes había solo contraste, aparece matiz. Donde todo parecía plano, surge profundidad. No porque la vida haya cambiado, sino porque la forma de experimentarla se ha ampliado.
La práctica no añade algo externo. No se trata de alcanzar un estado especial ni de convertirse en alguien diferente. Se trata de ver con mayor claridad lo que ya está. De soltar la identificación automática con la mente y abrir espacio a una experiencia más directa.
Cuando esto ocurre, la vida se vuelve más habitable. No porque desaparezcan las dificultades, sino porque ya no estamos atrapados completamente en ellas. Hay más espacio, más perspectiva, más libertad.
Tal vez no podamos cambiar todo lo que ocurre afuera. Pero sí podemos transformar profundamente la manera en que lo vivimos. Y entonces, sin necesidad de buscar algo extraordinario, la experiencia se vuelve más rica, más amplia… más viva.
Cómo pasar de blanco y negro a color. Seguimos practicando.
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