Opinión

De Cáncer a cáncer

Sección Editorial

  • Por: Felipe de Jesús Cantú
  • 11 Julio 2023, 01:29

Quienes tenemos o tuvimos un amigo o familiar afectado por la enfermedad llamada cáncer, por lo regular asociamos el padecimiento con el dolor y los lamentos, costos económicos asociados al cuidado personal y también lo ligamos al drama que produce la cercanía con una enfermedad mortal.

Los que contamos con la amistad o familiaridad con alguien que nació bajo la influencia zodiacal del signo cáncer, sin estudiarlos, nos damos cuenta que la emocionalidad es parte integral de su personalidad y cotidianidad.

Cuando mi madre murió en 2018, llevaba más de un año diagnosticada y afectada por el cáncer, sus conversaciones no eran sobre el padecimiento sino de lo valiente y guerrera que era para afrontar todo lo que Dios le mandara a su vida. Sin embargo, Domitila no murió de cáncer sino de peritonitis al reventarse su apéndice y con una debilidad que impidió ser operada por ello.

Según las estadísticas del cáncer en México, la mitad de los afectados por el cáncer sobrevive y la otra mitad no. Un volado con una moneda nos da el mismo resultado.

De los afectados, cada año 27,000 casos corresponden a senos y 25,000 corresponden a próstata, aunque los especialistas aseguran que el más letal es el de pulmón. El miedo a mencionarlo como un padecimiento nos provoca desatenciones y negligencias que nada tienen que ver con lo que hace un médico, sino con lo que hacemos todos los pacientes probables.

Con el paso de los años en la vida de cualquiera, también estadísticamente hablando, se acentúa la posibilidad de contraer alguna de las variedades cancerosas. Y es justamente cuando las personas comenzamos a mirar la vida con enfoque en el pasado, a pensar en lo que hicimos y dejamos de hacer, y lo que hacen y dejan de hacer nuestros menores, sean hijos, amigos o conocidos con los que el afecto nos liga o nos ligó tiempo atrás.

La similitud entre el zodiacal Cáncer y la enfermedad del mismo nombre está en las emociones. Si bien es cierto que todas las enfermedades tienen su origen en cómo nos sentimos y emocionamos, la del cáncer parece sobrepasar en popularidad a todas las demás.

A mayor cercanía de los afectados, más nos nace pensar en prevenir, cambiando el comportamiento de alimentación y peso equilibrado, de tabaquismo, de consumo de alcohol, del uso de protección solar y todo lo que parezca que contribuye a evitar el fatal desenlace.

A fin de cuentas, todo eso contribuye si, pero sólo trae beneficios duraderos si aprendemos a equilibrar las emociones. Nadie está exento, porque todos tenemos conciencia, si, pero todos traemos la carga de un cuerpo y memorias que no siempre están en la conciencia, sino en el subconsciente. Carga pesada que a veces sobrepasa las ventajas de estar alerta o despierto.

Lo que dicen los expertos en emociones y codificaciones personales resulta muy interesante y atrapó mi interés. El cáncer, la enfermedad, representa un impacto emocional recibido en soledad o aislamiento psicológico, el cual aparece unos meses antes de la manifestación física de la enfermedad. ¡Afirmaciones comprometedoras!

A decir de Joan Marc Vilanova, es una respuesta biológica a un conflicto no cerrado y que se manifiesta en un lugar del cuerpo que además obedece al tipo de conflicto.

Veamos los dos casos más frecuentes: el de mama y el de próstata. El primero se manifiesta ahí porque, naturalmente, la mujer le da un gran valor al territorio y quiere sentirse protegida y luego proteger al producto de “su nido”, su hijo. Es la mama la mejor representación que hay de cómo una madre ama a su vástago.

Mientras que el de próstata obedece a conflictos emocionales de capacidad sexual del varón, quien busca ser más competente con la mujer, propia o ajena, por sentir que puede menos o porque es algo sucio, según los códigos moralmente aceptados. O también por la castración o autocastración moral derivada de su relación marital. Huelga de piernas cruzadas o sensación de impotencia.

Es algo mucho más complejo que decirlo en unas cuantas líneas como lo hago hoy, pero la idea se sostiene cuando analizamos los casos de nuestros conocidos que adquirieron la enfermedad de referencia.

La primera responsabilidad que tenemos con la vida, es vivirla con alegría y sin preocupaciones. Nacimos perfectos, nos afectamos y deformamos hasta la imperfección con las creencias creadas o aceptadas por nosotros y que provienen de terceros.

Probablemente el mes astrológico que está a punto de terminar sea el mayor aportador de enfermedades, o quizá no. Pero en la historia de la humanidad las coincidencias entre la aparición de las enfermedades y las emociones que manifestamos son irrefutables.

¿No crees? Dame el beneficio de la duda y lee el Diccionario Bio-Emocional de Joan Marc Vilanova (2016), que además encuentras gratis en Internet. Revisa primero las enfermedades que has tenido y la fecha en que se manifestaron. Luego busca en tu memoria las emociones que tuviste los días o meses previos a la aparición del padecimiento. Quizá te sorprendas.

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