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Opinión

¿Qué pasaría si el PRI de Nuevo León postula a Adrián de la Garza sin alianza?

Sin Censura

Aunque no lo parezca, entre los aspirantes a la gobernación de Nuevo León el escenario más complicado lo tiene Adrián de la Garza. 

Y no es que el alcalde de Monterrey no sea electoralmente competitivo. Es que se ha convertido en elemento clave de una subasta preelectoral difícil de predecir. 

La ruptura de la alianza PRI-PAN en Nuevo León sentenciaría al tricolor a perder su registro nacional. Así de simple. 

En las últimas semanas, el panorama político en Nuevo León se ha convertido en un campo de batalla. Alejandro “Alito” Moreno, con su estilo rijoso y pendenciero, destapó formalmente a Adrián de la Garza como su candidato a la gubernatura, confirmando lo que ya se rumoraba: el alcalde de Monterrey es formalmente uno de los “defensores de México” en el PRI, al lado de la enrarecida presencia de cartuchos quemados como Rosario Robles. 

Este movimiento de Alito ha evidenciado una grieta profunda con el PAN, que ya asumía como su candidato eventual a Adrián de la Garza. 

Lo anterior, pese a que a nivel nacional el PAN cerró la puerta a coaliciones para el próximo proceso electoral. 

Jorge Romero, el frívolo pero pragmático líder panista, insiste en candidatos no militantes de sus filas y en que irán solos a la elección.  

Lo que parecía una posible alianza estratégica se disuelve por la incapacidad de Alito de tejer despacio, y las consecuencias de su ansiedad no se limitan a Nuevo León. 

Si la ruptura con el compañero de ruta que es el PAN se amplía y Adrián de la Garza compite únicamente bajo las siglas del PRI, el partido tricolor enfrentará un riesgo mortal: podría incluso llegar a perder su registro nacional ante el INE.

¿Y por qué? Simple. La Ley General de Partidos Políticos establece que una formación debe obtener al menos 3% de la votación nacional válida en las elecciones federales de diputados —que coincidirán con las locales de 2027— para conservar su registro como partido nacional. 

Sin ese umbral, desaparece la figura jurídica, las prerrogativas y, sobre todo, la posibilidad de competir. El PRI está a pocos grados que quedar frito. 

¿Por qué? Va la explicación: la militancia del partido de Alito —esa apropiación antidemocrática ya explica en buena parte la posible respuesta— se ha desplomado de millones a menos de 850,000 afiliados activos, según cifras internas y análisis recientes. 

En 2024, incluso dentro de la coalición con PAN y PRD, el tricolor apenas raspó el límite en varios distritos, un resultado que contrasta con el de sus buenas épocas, cuando era un partido hegemónico. 

Lo analiza Maurice Duverger en su libro clásico Los partidos políticos (1951): los electores evitan el “voto perdido” apoyando solo a las opciones viables, y los partidos forman alianzas o se retiran para no diluir su fuerza.

Sin el efecto sumatorio de los votos de una alianza con el PAN, donde cada sufragio a la coalición cuenta íntegramente para cada partido coaligado, el PRI depende exclusivamente de su estructura propia, de sus bases, que en la mayoría de los estados es poco más que nada. 

¿También esa caída libre del PRI ocurre en Nuevo León? Sí, con el agravante de que Nuevo León es uno de los bastiones electorales y económicos más importantes del país, con más de 5.5 millones de habitantes y un padrón electoral que supera los 4 millones de votantes. 

En elecciones pasadas, los votos panistas fueron determinantes.  De manera que, sin el lazo que les echen los panistas, el PRI podría rondar apenas 20% y 25% de la intención de voto. 

Sin esa suma, el voto opositor se fragmenta: el PAN lanzaría su propio candidato —¿pero quién sería el nominado en un partido que se ha convertido en un estuche de feudos y caciques?—, Morena capitalizaría la división y Movimiento Ciudadano conservaría su ventaja actual. 

El resultado directo: menos votos totales para el PRI en un estado clave.

Y ese déficit no se queda aquí. Las elecciones de 2027 son concurrentes; es decir, en buen cristiano, que los mismos ciudadanos votan por gobernador y por diputados federales. 

Cada punto porcentual perdido en Nuevo León equivale a decenas de miles de sufragios que el PRI no sumará a su total nacional. Y el tricolor no puede, a estas alturas, darse el lujo de perder ni uno solo. 

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