De la adicción hacia la atención
Sección Editorial
- Por: Francisco Gómez
- 05 Febrero 2026, 00:00
1. Una enamorada le dice a su amado, ahora que se acerca el 14 de febrero: “te quiero y te necesito tanto, que me he vuelto una adicta a ti”. La frase puede sonar muy romántica, pero esconde un grave problema que va más allá de los afectos sinceros o simplemente hormonales. Las adicciones no se identifican solo con alguna sustancia tóxica o la virtualidad de las pantallas —celular, compu, tabletas de todo tipo, cine en la casa o público, televisión, cámaras de vigilancia, observadores, etc.— sino con personas, proyectos y, sobre todo, tareas.
2. El Dr. Jordi Riasco —autor del best seller La chica que hacía listas en la arena— sostiene que las 10 adicciones más comunes en este momento son: alcohol, nicotina, drogas ilícitas, medicamentos recetados, juegos patológicos, internet y redes sociales, videojuegos, comida compulsiva (binge eating), trabajo (workaholism), sexo y pornografía. El psiquiatra-psicoterapeuta español omite tres que, en mi opinión, también están muy extendidas: a las personas, que se vuelven relaciones enfermizas; al deporte, en corredores compulsivos; y a los oficios de dirección y gobierno.
3. Los especialistas dicen que las adicciones son hábitos que llevan, en el fondo, una actitud de profunda evasión, de huída, de procrastinación para resolver problemas graves. Alivian una carencia, aunque sea de manera momentánea, pero de forma repetitiva; nos procuran un alivio a la ansiedad, aunque esta regrese y, en ocasiones, con más ímpetu. La adicción hace que, por un momento, podamos superar los miedos, las inquietudes y las tensiones, pero no logramos que desaparezcan. Es un calmante momentáneo y, muchas veces, efímero.
4. Los actuales tiempos favorecen las adicciones, por las prisas, las presiones laborales, la abundancia de estímulos, el suspiro no amoroso que denota exigencias no satisfechas, atentatorias para la estabilidad del ánimo. Pero, sobre todo, afectan nuestra capacidad de atender. Sumidos en nuestras propias arenas movedizas de las redes sociales, no alcanzamos a ver los desiertos de los demás. Así, mientras más adictos somos, más solitarios quedamos. Nos enchufamos, pero, al mismo tiempo, nos desconectamos.
5. Si, en cambio, atendemos a Dios, a la naturaleza y a los demás, nos estamos atendiendo a nosotros mismos. Atención que no significa solo concentración —nada nos distrae cuando revisamos el celular—, sino la actitud de vaciamiento interior que nos permite contemplar en vez de devorar, respetar y no invadir. La adicción no puede prosperar si le ponemos atención. Más aún, solo atendiendo a las causas de nuestras adicciones podemos superarlas. Ellas son profundamente individuales, mientras que la atención nos vuelve sociables y comunitarios.
6. La adicción aísla, escinde; la atención reconecta, conjunta y nos permite vincularnos, escuchando nuestras propias emociones, manteniendo conversaciones reales y sintiendo la presencia de la naturaleza en nuestras vidas. Mientras la adicción promete plenitud infinita, solo la atención nos brinda la caricia de todo nuestro ser. Si en la adicción parecemos autómatas, devoradores de la nada por instinto, con la atención alcanzamos la libertad de quien se contiene y elige, admirando lo seleccionado. Urge pasar de las adicciones hacia las atenciones.
7. Cierre icónico. Ir a Nueva York exige, al menos la primera vez, visitar el edificio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Nacida en 1945 —después de las dos guerras mundiales—, con el propósito de mantener la paz y la seguridad planetarias, evitando una nueva conflagración global, está a punto de desaparecer. Enfrenta un inminente colapso financiero, pues sus países miembros, en especial los EUA, no pagan las cuotas anuales. Garante del orden internacional, ya no tiene sentido de existir, al desaparecer ese garante, gracias a Trump y aliados. Peligroso.
Compartir en: