Opinión

De México a Canarias

Sección Editorial

  • Por: Dolores Martínez
  • 14 Octubre 2026, 06:00

La cultura se convierte en un puente que une corazones y acorta distancias.

A miles de kilómetros de aquí, más cerca de África que de la península ibérica, existe una gran comunidad que celebra un hermoso vínculo con nuestra cultura.

Como en cada viaje que ilusiona nuestro corazón, nos preparamos con tiempo para que la experiencia sea de gran gozo. 

Los documentos, los pendientes en casa, la familia, el trabajo. Planeamos la maleta, buscamos lo necesario para la ocasión, el clima y lo que sea necesario para transitarlo lo mejor posible. La expectativa de lo desconocido se convierte en un motor que enciende el alma.

En esta preparación, me pregunto normalmente qué compartiré de mi amado México con esta comunidad que con todo el corazón me invita a su tierra, y en este caso en particular, aquella que los ha recibido con los brazos abiertos, tal como me reciben ellos ahora. Y la respuesta siempre es: quiero llevarles todo de esta hermosa nación que me dio y ha abrazado mi vida.

Quiero llevarles nuestras flores, nuestros campos, selvas y bosques, nuestros aromas y sabores. El sonido particular de nuestros ríos y del aire que murmura por la tarde. El sonido de las campanas y el silbido del vendedor de camotes. 

La bella música del organillero y también de la vihuela acompañada por el guitarrón y un violín, que me recuerdan mis paseos de niña. 

Las serenatas con el mariachi y los tríos que con sus canciones; el enamorado expresaba sus sentimientos a su amada. El acordeón, ese acordeón que en el norte suena diferente que en el centro. El alegre y profundo sonido de la jarana que con sus acordes y su rasgueo nos invita a cantar y bailar La Bruja, recordándonos a dónde pertenecemos.

Quiero llenar mi maleta del olor a tortilla tostada en ese comal que cruje cuando está listo. El aterciopelado aroma del orégano de Higueras que brota del hervor del guisado. La suave textura de mis ollas bruñidas de Puebla. El brillo hipnotizante de los coloridos corazones metálicos de Tonalá, Jalisco.

Cilantro y epazote están en mi lista, acompañados de tortillas de maíz criollo de la Sierra de Zaragoza, para un buen caldo y unos taquitos exquisitos. Tunas rojas y verdes, para el postre, con amaranto y aromática miel de Terán, Nuevo León, para preparar saludables bocaditos.

Lo que llevo es el recuerdo, las historias, la música y mi voz. Las canciones que mueven el corazón de todos los mexicanos, sin importar la distancia a la que se encuentren y el tiempo que han estado lejos. 

El murmullo de aquellos compositores les habla suavemente y les grita: “Tú eres nuestro, esta siempre será tu casa. Lo fue de tus abuelos y padres, de tus primos y hermanos”. 

La distancia no rompe la identidad, sólo la fortalece. Nuestras tradiciones nos unen. El sabor de nuestra cocina y la belleza de nuestra música, como las flores a las abejas, nos acercan siempre al hogar. 

Del tiempo de la independencia, con gran orgullo cantaremos el Jarabe Tapatío. Aquí te dejo un pedacito:

En Jalisco se baila el Jarabe
Lo disfrutan y lo comparten
Al compás de guitarras y bajos,
El jarabe se va a zapatear…

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