No obstante que la Comisión de Presupuesto del Congreso local debe enfocarse en analizar el veto al Paquete Fiscal 2026, es probable que el bloque opositor agregue las propuestas que señaló la dirigente nacional de Morena en su reciente visita a Monterrey.
Lo cierto es que esta coincidencia coyuntural, que se remite al voto en el mismo sentido de Morena con los partidos opositores al Ejecutivo Estatal, propició que en redes ya se hablara de una alianza de la 4T con el PRI y el PAN.
Y, por ende, que Nuevo León sería un laboratorio de esta relación “contra natura” entre partidos evidentemente rivales.
La deducción anterior —alianza de Morena con PRI y PAN— puede apreciarse como una alucinación delirante, un error de interpretación analítica o, simplemente, como una estupidez.
Creo que se trata de esto último.
A quienes pretenden mirar por la lupa deformante de la alianza “contra natura” de Morena con el PRI y el PAN, les recomiendo leer a un gran teórico llamado Sergio Abranches.
¿Qué dice este académico y politólogo brasileño tan poco leído —malamente— en Nuevo León?
Que, en los sistemas presidencialistas como el de México, hay que diferenciar entre una doble lógica: cooperar legislativamente y competir ferozmente en elecciones.
Es más común de lo que se cree que el PRI y el PAN voten a favor de una iniciativa de Morena en el Congreso de la Unión.
En los periodos febrero-abril de 2025 y septiembre-diciembre de 2025, el PRI votó junto con Morena en la mayoría de las votaciones no polémicas —como presupuestos o acuerdos administrativos—, estimando entre 200 y 250 coincidencias por periodo en el total de las votaciones.
¿Significa que hay una alianza tácita entre Morena y el partido de Alito? No. Las diferencias de criterio han llegado en ambas cámaras hasta los empujones y los golpes.
¿Entonces? Abranches observa que, en muchos presidencialismos multipartidistas —el esquema se aplica muy bien a México—, los partidos rivales cooperan en el Congreso, votando juntos presupuestos o leyes para garantizar metas de coyuntura, y los mismos partidos se atacan ferozmente en campaña, porque la competencia presidencial exige diferenciación pública, narrativa antagonista y polarización.
No se trata de ninguna contradicción sino de estructura política.
Abranches explica que el sistema obliga a armar mayorías artificiales de voto con partidos que no son aliados en ningún sentido programáticos, sino socios transaccionales temporales.
¿Alianza entre Morena y el PRIAN en Nuevo León? Ni pensarlo.
