Dolor. Esa es la palabra NO favorita de la NFL, pero que llega a mencionarse con un dejo de tristeza.
No “gloria”, no “dinero”, no “anillos”. Dolor. Es lo que a veces vemos en un partido de futbol americano. Y nos recuerda lo que realmente significa.
El lunes le tocó a Tyreek Hill. Sí, el mismísimo “Cheetah”, ese hombre que parecía que corría con un control de PlayStation en velocidad turbo.
Pues bien, la realidad lo alcanzó, y lo alcanzó feo: una pierna que doblaba hacia donde no debía, el Hard Rock Stadium congelado y esa sensación incómoda que quienes seguimos este circo ya conocemos demasiado bien.
Porque no es la primera vez que vemos un cuerpo humano hacer cosas que ningún cuerpo humano debería hacer.
Yo todavía tengo tatuada en la memoria la pierna de Joe Theismann retorciéndose bajo la brutalidad de Lawrence Taylor en aquel Monday Night de 1985.
La diferencia es que lo de Hill no fue hueso roto saliendo por la media, sino la colección completa de ligamentos destrozados en la rodilla.
Cruzado anterior, medial, colateral… vamos, un buffet ortopédico. Lo subieron en camilla, la gente rezó, y su agente, Drew Rosenhaus (ese hombre que podría venderle seguros de vida a un tiburón), salió a decirnos con tono de vendedor de coches usados que “todo salió bien” y que lo veremos de vuelta en 2026. Ajá.
¿La realidad? Tyreek tiene 31 años. Receptores con esa edad y una rodilla reconstruida suelen terminar en la categoría de “exjugadores” antes de que su cirujano termine de mandar la factura. Tal vez me equivoque.
Pero bueno, el negocio necesita esperanza, así que la narrativa oficial es: “Volverá más fuerte que nunca”. Claro, como si la NFL fuera Disney.
Y mientras Hill estaba en quirófano, los Dolphins hicieron lo que cualquier franquicia pragmática haría: borraron las lágrimas con billetes y trajeron de regreso a Cedrick Wilson Jr.
El mismo Wilson que había sido de Miami, que ya se había ido, que rebotó en los Saints como balón mal pateado, y que ahora, por arte de emergencia, vuelve al lugar donde nunca terminó de convencer. Porque en esta liga nadie muere del todo: siempre hay una rodilla rota o un hamstring explotado que revive tu carrera.
Los Dolphins intentarán sobrevivir sin una de sus estrellas, Tua tendrá que lanzar a receptores de segunda línea y el show seguirá, porque el calendario no espera.
Dolor, dolor y más dolor. Así es la NFL.
