Opinión

Debes tener una madre maravillosa

Sección Editorial

  • Por: Ron Rolheiser
  • 13 Octubre 2026, 04:56

Hay un momento en los Evangelios en el que, mientras Jesús habla, una mujer entre la multitud le grita: “¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron!” (Lucas 11, 27).

En realidad, está diciendo: “¡Debes tener una madre maravillosa! ¡Mira en qué te has convertido!”. Jesús responde: “Más bien, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”.

Es fácil malinterpretar su respuesta porque, a primera vista, parece que resta importancia al elogio dirigido a su madre. Sin embargo, su respuesta es, en realidad: “Sí, tengo una madre maravillosa, mas lo que la hace especial no es haberme dado a luz biológicamente; es su fe lo que la hace especial y particularmente maravillosa como madre”.

 En esencia, está diciendo: “Sí, mi madre, como todas las madres, es maravillosa en su biología, pero mi madre es particularmente maravillosa en su fe”. Cuando Jesús dice que son dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen, tiene especialmente presente a su madre.

El reconocido biblista Raymond E. Brown señala que la comunidad apostólica otorgó a María un lugar tan especial no tanto por ser la madre biológica de Jesús, sino por su singular fe.

Entre las diversas lecciones que esto encierra se encuentra la siguiente: para Jesús, la fe prevalece sobre la biología. Para él, la verdadera familia se define por la fe, no por la biología ni por ninguna otra cosa. 

¿Quiénes son mis verdaderos hermanos y hermanas? Para Jesús, son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.

Escribo lo siguiente con una salvedad: la familia biológica es una estructura antropológica fundamental, que proviene de Dios y de la naturaleza, y que debe ser nutrida y defendida, especialmente hoy en día, cuando se encuentra bajo asedio desde múltiples frentes. 

Una sociedad sana necesita familias sanas; una Iglesia sana necesita familias sanas; un país sano necesita familias sanas; un mundo sano necesita familias sanas; los progresistas sanos necesitan familias sanas; los conservadores sanos necesitan familias sanas... y las personas sanas tienden a provenir de familias sanas. Además, muchas de nuestras alegrías más profundas se viven en el seno de una familia biológica. 

Es necesario defender a la familia biológica. Lo mismo cabe decir de todas nuestras otras familias.

Sin embargo, respetando esto, también debemos tener el valor de afirmar que, para Jesús, la fe está por encima de la biología, la confesión religiosa, la religión, la etnia, la nacionalidad, la ideología y el género. Nuestra familia más profunda, real y eterna tiene su raíz en la fe.

•    ¿Quiénes son nuestros hermanos y hermanas? Nuestra familia biológica constituye una familia real, pero nuestra familia más profunda y eterna está formada por todos aquellos que tienen fe en Dios; esto incluye a nuestra familia biológica si comparte la fe con nosotros.

•    ¿Quiénes son nuestros compañeros de iglesia? Nuestros compañeros de iglesia son todos los cristianos —independientemente de su confesión— que tienen una fe sincera en Jesucristo. En la fe, todos somos una sola familia.

•    ¿Quiénes son nuestros compañeros de peregrinaje en este mundo? Nuestros compañeros de peregrinaje más profundos y eternos son todas aquellas mujeres y hombres —independientemente de su religión o de un agnosticismo honesto— que buscan sinceramente la verdad, el bien, la belleza y la justicia.

•    ¿Quién es nuestra verdadera familia étnica? Es toda persona en este planeta —sin importar el color de piel, la lengua materna o la historia racial— que busque sinceramente una comunidad donde las diferencias conduzcan a la armonía y a la unidad.

•    ¿Quiénes son nuestros conciudadanos? Nuestros conciudadanos y compatriotas no son necesariamente aquellos con quienes compartimos un país y una historia común; en un sentido más profundo, son personas de todos los países del mundo que comparten con nosotros una tierra que Dios nos ha dado a todos por igual. Para Jesús, no puede existir el nacionalismo cristiano.

•    ¿Quiénes constituyen mi familia ideológica o política? No son aquellos que comparten conmigo un temperamento e ideología liberales o conservadores. Mi familia ideológica más profunda y eterna está formada por aquellos para quienes la verdad y la justicia prevalecen sobre todas las ideologías, tanto liberales como conservadoras.

•    ¿Quién es mi familia en términos de género? ¿Hombres? ¿Mujeres? ¿LGBTQ? Mi verdadera familia está en el Cuerpo de Cristo, en el cual “no hay hombre ni mujer” (Gálatas 3, 28).

Cuando Jesús pregunta quiénes son sus hermanos y hermanas y luego los identifica con quienes le escuchan (Mateo 12, 48-50), nos enseña que nuestra familia verdadera y eterna no se basa en la biología, la confesión religiosa, la religión, la etnia, la nacionalidad, la inclinación ideológica o el género, sino en una fe compartida que trasciende todo ello.

Así pues, al igual que aquella mujer que quiso elogiar a la madre de Jesús, acércate a ese buen amigo tuyo que es un musulmán devoto, a ese colega honesto que votó de forma opuesta a ti, a ese inmigrante que atraviesa dificultades y al que has ignorado —a quien ves vivir con un miedo que tú nunca has compartido— y a esa vecina amable y alegre seguidora de la Nueva Era que acaba de traerte un plato de comida a casa y que una vez te regaló un llavero con los colores del arcoíris, y diles: “¡Debes de tener una madre maravillosa! ¡Mira qué gran persona eres!”.

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