En días pasados, la mandamás del país, doctora Claudia Sheinbaum Pardo, declaró ante sus gobernados connacionales que la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros iba a entrar en periodo de desaparición o extinción y que, en su lugar, se creará otro organismo que haga las veces de esa unidad solo que con una visión más humanitaria y justa para los docentes. Es decir, para ser explícito y transparente, que se realizará una consulta general a los mentores, escuela por escuela, para que expresen, sin presión alguna, y mencionen qué aspectos se deberán considerar en las promociones verticales y horizontales que impactarán directamente en sus percepciones salariales.
De entrada, la declaración suena bella y rimbombante. No dudamos ni tantito que la primera mandataria quiere tener contentos, o algo contentos, a los responsables directos de la educación nacional. ¿Razón? Este tema ya fue trillado por AMLO y prometido en la campaña presidencial de nuestra primera ministra. Entonces, la docencia está escamada y su tribulación está in crescendo. No obstante, la administración pública quiere llevar un proceso de “consulta nacional” con tintes democráticos y de participación proactiva. Algo así como lo que se está haciendo en los estados de la República donde en 2027 se renovarán gubernaturas y otros puestos de elección popular. Hablando de ello, “la corcholata” que me sorprendió sobremanera fue “Clara como el agua”; “Hágase la Luz”; “Tan Clara como las ideas”, o como usted le quiera llamar, debido a que nos dijo que ya estaba armando su proyecto educativo en caso de ser nombrada coordinadora de la 4T en Nuevo León. “Échate ese trompo a la uña”.
Retomando la narrativa original, si las encuestas que se aplicarán a los profesores son manejadas por personal calificado e institucional, con harta certeza de transparencia y rendición específica de resultados, de escuela por escuela, donde la publicitación que se haga sea congruente con la voluntad del trabajador de la educación, entonces su grado de credibilidad contendrá el sentimiento nacional de educación constituida en el “ronco” pecho del maestro, con ansias de eliminar las absurdas trabas en exámenes virtuales plagados de errores y con tintes de manipuleo político.
Sin embargo, cabe preguntar: ¿el gobierno federal y/o estatal tiene suficiente personal con las características expuestas para llevar este “delicado” proceso? Como punto de partida y de buena intención, el examen debe ser cien por ciento presencial y en papel. Sí, en físico. Con preguntas claras, objetivas y con opciones de respuesta breves y concisas. ¡Ah! Y que el docente conserve su copia. Tratando de contestar la interrogante, pensamos que los que conocen los planteles educativos y poseen cierto grado de identificación oficial son las estructuras sindicales, delegaciones y de centros de trabajo, además del personal adscrito a la Secretaría de Educación, así como el de las oficinas regionales. El trabajador de la educación tiene capacidad para desarrollar estas empresas y otras más complejas. Su grado académico lo avala. ¿Qué compañía encuestadora tiene alrededor de 7,000 empleados que lleven a feliz término esta “delicada” empresa? En la SEP y el SNTE está la respuesta. Arduo, intenso y profesional trabajo que se avecina.
Es más, comunicó la presidenta Sheinbaum que, incluso, podría llevarse a cabo esta consulta en este mismo mes. Craso mensaje esperanzador. La verdad como es. Se tenía que decir y se dijo. Hasta la próxima.
