Mientras algunos sectores insisten en colocar el debate público en una lógica de confrontación permanente, la realidad del gobierno se construye en otro plano. Se cuestiona de manera recurrente a la Presidenta y al proyecto de la transformación por temas como la reforma política y electoral, la relación bilateral con Estados Unidos o las implicaciones del T-MEC, asuntos que sin duda son relevantes y con impacto directo en estados altamente productivos como Nuevo León.
Sin embargo, frente a ese ruido, la respuesta ha sido trabajo: trabajo constante, territorial y medible.
Lejos de gobernar desde el escritorio, la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, ha hecho de las giras de fin de semana una práctica central de su forma de gobernar. Cada recorrido por el país es una oportunidad para escuchar, evaluar y ajustar políticas públicas desde la realidad concreta de las comunidades. Esa cercanía no es simbólica; es una herramienta de gobierno.
Ese estilo tiene una traducción directa en Nuevo León. De cara a 2026, la Federación ha definido con claridad cómo se fortalecerán los programas sociales en la entidad: continuidad presupuestal, mejor focalización y una supervisión más rigurosa para asegurar que los apoyos lleguen a quienes realmente los necesitan. En un estado con alto dinamismo económico, pero también con retos sociales propios de una gran metrópoli, el bienestar y la prosperidad compartida no pueden ser accesorios; deben ser parte del modelo de desarrollo.
Al mismo tiempo, mientras se debate en abstracto sobre la relación con Estados Unidos o el futuro del T-MEC, el gobierno federal trabaja para que Nuevo León llegue sólido a los próximos años. La estabilidad de la relación bilateral y del acuerdo comercial es clave para la industria, la inversión y el empleo en el estado, y ese entendimiento ha guiado una política de coordinación, no de confrontación.
La obra pública es otro de los pilares rumbo a 2026. Monterrey y su zona metropolitana están contemplados dentro de una agenda de proyectos urbanos y de infraestructura que buscan mejorar movilidad, servicios y entorno urbano. Estas acciones no son aisladas: forman parte de la preparación de la ciudad para un momento clave, la celebración del Mundial de Futbol 2026, que colocará a Monterrey en el centro de la atención internacional.
El Mundial no es solo un evento deportivo; es una oportunidad para dejar infraestructura, ordenar la ciudad y proyectar a Nuevo León como una metrópoli moderna y competitiva. Para lograrlo, se requiere coordinación entre Federación, el estado, los municipios y el sector privado.
En ese sentido, es importante subrayar la relación institucional y constructiva entre el gobierno federal y el empresariado de Nuevo León. Hay diálogo, entendimiento y una visión compartida: crecimiento económico con estabilidad social. Esa combinación es la que permite enfrentar con seriedad los retos que vienen.
Así, mientras algunos apuestan por la crítica permanente, el gobierno responde con presencia en territorio, planeación y resultados. Para Nuevo León, 2026 no será un año de discursos, sino de definiciones. Y en esas definiciones, el trabajo constante marca la diferencia.
