Discurso de confianza
Sección Editorial
- Por: Adalberto Madero
- 04 Marzo 2026, 00:00
El 4 de octubre de 1927, Aarón Sáenz Garza rindió protesta como gobernador constitucional del estado de Nuevo León ante el Congreso local, en sesión llevada a cabo en el Teatro Independencia. En un escenario montado para exaltar la figura del excanciller, su acto más relumbrante fue su discurso, plagado de patriotismo, lealtad institucional y promesas de respetar la ley y llevar a cabo la transformación de Nuevo León. Veámoslo a continuación.
Al principio de su mensaje destacó que los comicios en donde resultó ganador por amplia mayoría se realizaron en un ambiente democrático: “Realizadas las elecciones dentro de la más amplia libertad electoral y con carácter esencialmente democrático, tuve el señalado honor de merecer una votación que representa la casi unanimidad de la opinión de los ciudadanos del estado. Esta honrosa distinción no la atribuyo a mis merecimientos personales, sino a la deferente confianza que el pueblo ha querido dispensarme, creyéndome capacitado para encauzar los destinos del estado”.
Conminó a la ciudadanía y a las fuerzas políticas a sumar esfuerzos con su proyecto de gobierno, en momentos críticos donde el régimen enfrentaba varios levantamientos militares: “Mi voluntad es firme y grande para enfrentar los problemas del gobierno, pero mi acción solo podrá realizar lo que respalde el concurso de todas las buenas voluntades y todos los elementos de acción que puedan congregarse alrededor del gobierno para la realización de una obra sana de patriotismo, de dignidad, de trabajo, de tranquilidad y de progreso. En estos momentos en que, en nuestro ambiente político, la ambición y la deslealtad de algunos elementos militares han perturbado la paz de la república y manchado la dignidad del Ejército Nacional, de las instituciones democráticas y de nuestra organización política, es el momento también de hacer público (…) de que tal actitud y tales procedimientos merecen la más amplia reprobación”.
Se comprometió a conducir un gobierno respetuoso de la ley y del gobierno de la república, y a generar confianza entre los nuevoleoneses a través de obras que beneficien a toda la entidad sin distingos: “Nuevo León, hecho con el esfuerzo continuado, con el sacrificio y el anhelo de sus hijos, consagrado al trabajo y a la paz, será baluarte y un esforzado defensor de los principios y de las funciones republicanas (…) En los presentes momentos respaldará la labor enérgica que el gobierno de la república ha de realizar para contrarrestar lo que el despecho y la ambición pudieran haber despertado en espíritus mediocres. Al asumir la honrosa representación que el pueblo de Nuevo León me ha conferido, deseo declarar con toda buena fe y con la convicción de hombre honrado que deseo ser el gobernador de los hijos de Nuevo León, sin distinción de credos o partidarismos, pero dentro del respeto y de las garantías que nuestras leyes otorgan a todos los ciudadanos.
Me esforzaré por corresponder a la confianza de mis conciudadanos; me empeñaré en confirmar, mediante la ejecución de una obra de gobierno serena y justa, mi propósito de responder a las aspiraciones del estado y, al mismo tiempo, seré un celoso defensor de los intereses generales. Desde hoy deseo también declarar con toda honradez que el respeto a la ley y a las instituciones republicanas, serán la más firme norma de mi conducta pública y que, para el sostenimiento de la estabilidad y de las instituciones de la patria, Nuevo León será el más entusiasta paladín, facilitando así asegurar, al mismo tiempo, la realización del programa de paz, armonía y progreso que mis conciudadanos anhelan”.
Finalizó reiterando su respaldo a las instituciones federales y agradeciendo la presencia de las diversas personalidades que se dieron cita para atestiguar su advenimiento: “Finalmente, séaseme permitido declarar nuestra absoluta solidaridad con el gobierno de la república y con los estados hermanos de la misma, y reconocer con profundo agradecimiento el honor que han dispensado a Nuevo León los distinguidos representantes diplomáticos de países amigos de México, que aquí nos honran con su visita, distinción que se marcará señaladamente en los anales de nuestra historia local (…) A los funcionarios federales que aquí se encuentran… miembros de las Cámaras Federales y representantes de estados y poderes locales, nuestra gratitud por su presencia; vienen a atestiguar nuestro regocijo por haber podido, sin sobresaltos ni inquietudes, respaldar y exteriorizar la opinión pública del estado”.
Cuando terminó su discurso, el presidente del Congreso, diputado Antonio Martínez García, le contestó: “Me congratulo sobremanera por haber sido designado, sin merecerlo, para llevar la voz del H. Congreso del Estado al contestaros las palabras que acabáis de leer y en las cuales habéis delineado un amplio programa de paz, de unión y de buena voluntad en vuestro futuro gobierno. No podía esperarse menos de vuestra ecuanimidad; y es el H. Congreso, en representación del pueblo de Nuevo León, quien desde luego os ofrece cooperar con entusiasmo y buena fe (…) Habéis hecho hincapié en la circunstancia de los sucesos desarrollados y de los que ha tenido noticia el telégrafo, relativos a militares infidentes, olvidadizos de sus deberes (…) que acaban de manchar con un cuartelazo, afortunadamente abortado ya, sus insignias y sus hojas de servicios. La hora del verdadero patriotismo y de la sincera lealtad a nuestras instituciones, se ha presentado, y no vacilando vos, os alistáis de una manera franca y decidida, como vuestros antecedentes de militar y de funcionario os acreditan, al lado de quienes honran al Ejército Nacional, que nunca podrá ver desdorado su honor por el indecoroso proceder de unos cuantos”.
La sesión finalizó después de esta contestación. El nuevo gobernador, junto con su comitiva, se trasladó al Palacio de Gobierno; instalado en su despacho, leyó varios mensajes, en su mayoría de felicitación, firmados por los gobernadores, diplomáticos y altos funcionarios que no pudieron asistir. Finalmente, se dirigió al salón de eventos, donde los invitados de honor lo esperaban para obsequiarle las salutaciones de estilo.
De esta manera, se consumó el ascenso de un personaje que llegaría a ser el gobernador nuevoleonés más impulsor de la etapa posrevolucionaria.
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