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Opinión

Murat ¿boleta amarilla al árbitro de Morena NL? 

Agenda Poder

El pasado 24 de agosto, Nuevo León vio lo que un delegado nacional no debe permitir en el mismo partido (Morena): pero con dos mesas separadas a la misma hora. 

Alejandro Murat había citado a las corcholatas para la Coordinación de los Comités de Defensa de la 4T. 

Fueron Clara Luz Flores, Waldo Fernández y Felipe de Jesús Cantú. 

Sin embargo, en otro punto de la ciudad, Andrés Mijes, Judith Díaz y Tatiana Clouthier se juntaron por su cuenta. 

¿Error de agenda? No. Peor: proceso interno partido en dos, como una naranja. 

El exgobernador Murat no llegó a Nuevo León para encabezar una facción; una parte nada más de la cabeza de Morena local. 

Llegó —se supone— a asegurar piso parejo, a contener la guerra sucia y a impedir que Morena se desgaje por peleas de pasillo. 

Eso era el cargo y el encargo, como le gusta decir a ya saben quién. 

Pero lo que se vio el pasado lunes fue lo contrario: un delegado con tres aspirantes en la mesa de acuerdos y otros tres en otro lado. 

Ante eso, era previsible la protesta y había que desactivarla antes de que se ventilara y apareciera el fantasma del cisma. 

El desaire de Mijes, Díaz y Clouthier puede ser táctica, marcar distancia, presionar al CEN, todo, menos bajarse de la contienda. 

¿El problema de fondo? Que un delegado no pueda sentar a todos los apuntados en la misma sala, sin que tres de ellos consideren que esa sala ya se canteó a favor de uno.

Es legítimo buscar que la 4T cabildee con el sector industrial. Lo que no es legítimo es que ese cabildeo se lea —y ya se está leyendo así— como pasarela de un solo perfil, de un solo aspirante, como si la encuesta posterior al informe del 1 de septiembre fuera mero trámite. 

Placear a un ungido con empresarios es favoritismo, es decir, dados cargados. 

Y si fue un malentendido, el delegado cometió un desliz grave: la percepción de que sí hay favoritismo y, por tanto, ya fracturó al partido local en dos bandos.

¿Para qué se les pidió entonces a las corcholatas no hacerse daño? ¿No difamarse? ¿No instigar a la guerra sucia? 

Si Murat responde a un solo perfil y no al estatuto; si no se esmera en recomponer la mesa, las quejas ya no serán rumor de pasillo.

Ya hay actores que hablan de un delegado que no mete orden, sino que encabeza el desorden. 

Cuando esas quejas se vuelven denuncias, el asunto deja de ser político y entra al terreno estatutario. 

Entonces no basta con que Murat niegue su preferencia. Tendrá que demostrarla con hechos: una sola mesa, reglas claras, piso parejo. Si no, a buscar reemplazos. 

Un delegado que vino a unir y termina señalado por dividir ya no sirve para lo único que importa: que Morena llegue a 2027 con candidato, no con cisma.

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