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Opinión

Eje Nuevo León–Jalisco: un punto de inflexión

Columna Invitada

La relación entre Nuevo León y Jalisco está más fuerte que nunca. El pasado viernes, los gobernadores Samuel García y Pablo Lemus se reunieron en Jalisco con delegaciones de empresarios de ambos estados para reanudar el Eje Nuevo León-Jalisco, un encuentro que les permita compartir experiencias, llegar a acuerdos y planear acciones para capitalizar el nearshoring.

Históricamente, nuestros estados han ido un paso adelante en temas como educación o salud, pero si en algo se ha mostrado esa competitividad amistosa que compartimos es en materia económica. Nuevo León y Jalisco son dos pilares económicos de nuestro país, siempre uno dándole batalla al otro en los resultados de generación de empleo, inversión extranjera, innovación y emprendimiento.

Sin embargo, durante los últimos tres años de la actual administración, el crecimiento económico de Nuevo León ha alcanzado indicadores históricos: 90 mil millones de dólares en inversión extranjera, 385 mil nuevos empleos, 382 proyectos de inversión confirmados, ingresos promedio mensuales de más de 39 mil pesos por hogar, y la generación del 32.3% de los nuevos empleos en el país durante el primer sexenio del año (IMSS).

No es casualidad: es la consecuencia de los buenos resultados en seguridad, educación y conectividad de un buen gobierno que ha sabido aprovechar al máximo sus fortalezas y trabajar en sus debilidades. 

Hoy, el Eje Nuevo León-Jalisco se encuentra en un momento crucial. Las decisiones que tomemos como gobiernos de aquí en adelante podrían marcar un punto de inflexión en el rumbo de nuestros estados. Por un lado, la política arancelaria de Estados Unidos —de la cual México parecía haber quedado exento— ha vuelto a amenazar la economía de nuestro país. Si bien la presidenta Sheinbaum ha logrado negociar con la volatilidad del presidente Trump, un precedente como este nos obliga a no bajar la guardia. Por otro lado, estamos a menos de un año de recibir a miles de personas de todos los rincones del planeta por el Mundial FIFA 2026, un evento que ha dejado huella en cada país al que llega, tanto para bien como para mal.

Nuevo León y Jalisco tienen la oportunidad de sacar la casta por México y poner el ejemplo a la nación de cómo, ante estas dos coyunturas de talla internacional —un conflicto político-económico con la economía más grande del mundo y uno de los eventos deportivos más grandes del planeta, que nos pondrán en la mira de todos—, los dos motores económicos del país decidieron hacer a un lado sus diferencias para hacer mancuerna y mostrarle al mundo lo que México es capaz de lograr.

Esa es la oportunidad que tenemos frente a nosotros, pero del tamaño del reto debe ser la voluntad de todas las partes: Estado, municipios, iniciativa privada, cámaras, universidades y sociedad, todos trabajando parejo para que a México le vaya bien. Porque, si a nuestro país le va bien, a todas y todos nos irá mucho mejor.

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