Ayer decidí dejar de pagar mi seguro de gastos médicos mayores. Varios amigos míos de mi edad —entre 50 y 60 años— han tomado este año la misma decisión que yo. ¿Qué nos mueve a sabotear este pago que nos desprotege de la enfermedad y los accidentes? Algo muy simple: que están muy caros. Salen más altos que pagar el rescate de un secuestro.
Me explica Carlos Rodríguez, un amigo experto en finanzas, que las primas han aumentado, al menos en Nuevo León, entre 20% y 40% en promedio durante 2026, con picos que llegan hasta el 75% para adultos mayores. Si esto último es o no mi caso, dejo al lector con la duda.
¿Y por qué esta alza desproporcionada? Digamos que es la tormenta perfecta. Dicho de otro modo, se trata de la combinación de factores fiscales y de mercado que presionan a las aseguradoras a trasladar costos a los usuarios. En vez de pagar ellos este excedente al SAT, pagamos nosotros. Así de simple.
Todo este Valle de Lágrimas se derivó de la modificación a la Ley del Impuesto al Valor Agregado (IVA), efectiva desde enero de este año.
Recuerdo —no sin un dejo de nostalgia— que antes las compañías de seguros podían acreditar el IVA pagado en indemnizaciones y reclamos. Ahora es otro cantar.
Con los nuevos criterios fiscales, esta deducibilidad se eliminó, impactando retroactivamente incluso a 2025 en algunos casos. Esto empuja a las aseguradoras a absorber costos adicionales. Reconoce mi amigo Carlos Rodríguez que estos ajustes de 2026 son muy superiores a los habituales.
Las compañías ya aplicaron incrementos del 6% al 10% solo por este motivo, y la medida pone en jaque la accesibilidad de la protección médica privada.
A lo anterior, añádale el lector la inflación general, costos de hospitalizaciones, medicamentos y tratamientos especializados que han crecido por el encarecimiento de insumos importados.
En 2026, esta inflación se agravó por una mayor siniestralidad —o sea, por un mayor número de reclamos procesados por las aseguradoras—, lo que lleva a recalcular las primas para mantener la solvencia del sector.
Los seguros de salud ya eran los menos contratados en 2025, con solo el 10.6% de la población cubierta, y este incremento podría reducir aún más esa cifra.
Si a eso se le suma el impacto del envejecimiento poblacional, elevando las tarifas hasta en un 75%, esto ya es una masacre. Las presiones en el Sistema de Salud Público generan una mayor tensión.
Las primas son ya un lujo para muchos, y estimo que somos tantos los que optemos por cancelar nuestra póliza que vamos a saturar aún más los servicios de gobierno que ya enfrentan terribles déficits.
¿Qué resolví meditándolo con la almohada? Que seguiré pagando mi seguro de gastos médicos mayores. Dios dirá el próximo año.
