1. Ahora que participé en el maratón de CDMX, a la altura del K37, cuando pasaba junto al Monumento a la Revolución, vi a un grupo de jóvenes farmeando aura: estos duelos o competencias en donde se intercambian poses, miradas y movimientos referidos a memes y a la cultura popular en general. Los gestos iban desde las posiciones sigma, que transmiten seguridad e independencia, hasta el llamado aura walk, o caminata que proyecta una presencia especial. Ya había visto algunos reportajes en noticiarios televisivos, pero nunca en vivo y en directo.
2. El término es un anglicismo, proveniente de farm, granja, que convertido en verbo sería farming: cosechar, cultivar; y de aura, características de una persona que le hacen tener presencia impactante, carisma. Está tomado de los videojuegos, en los que los participantes buscan cultivar o recolectar recursos, ganar puntos para su causa. En redes sociales como TikTok, se han popularizado expresiones como “ganó aura”, si los usuarios se muestran seguros de sí mismos, o “perdió aura”, si aparecen en situaciones embarazosas, fallidas o fuera de control.
3. Esta tendencia propia de la generación Z —nacida a principios de este siglo y situada entre los millennials y la generación Alfa— ha causado diversas reacciones. Hay quienes la consideran simplemente como una batalla gestual absurda, una moda pasajera entre los adolescentes o, por el contrario, como un performance contracultural. Pero autoridades del municipio de La Ceiba, en Honduras, y de Ignacio de la Llave, en Veracruz, han cancelado estos eventos por no contar con los permisos requeridos. En Mar del Plata, Argentina, adultos insultaron y agredieron a jóvenes que la practicaban.
4. Optimista irredento como soy, prefiero reflexionar en lo que esta novedosa actividad juvenil nos puede enseñar. No me quedo con lo que señala el psicólogo de la Universidad de Buenos Aires, Martin Wanstein, quien afirma que farmear aura es una versión de algo bastante antiguo: la producción social de prestigio. Algo parecido a lo que decimos coloquialmente: “apantallar”, presumiendo nuestros logros y cacareando triunfos. No comparto el lucimiento personal y el protagonismo excluyente como forma de aceptación en una determinada comunidad. No.
5. Me quedo, más bien, con el significado original de la palabra farming: cultivar, y con lo que entendemos por aura: carisma. Estamos llamados a labrar en nuestras personas las cualidades de la honestidad, la solidaridad, la generosidad, la empatía. Si bien los años transcurridos pueden acentuar nuestras áreas de oportunidad —“refinamos”, decían en el rancho—, también pueden incrementar nuestras virtudes. Esforzarnos por aportar a nuestra polarizada sociedad una buena dosis de comprensión y diálogo, de entendimiento y razón, nos hará unos buenos “farmeadores”.
6. Es cierto que no necesitamos sumar puntos en nuestras redes sociales para aparecer con más carisma, pero sí nos sirven para nuestra contabilidad personal. Por ello, en un mundo cada vez más atrapado por el creciente pánico digital —aumentan los temores por la posible autonomía malsana de la inteligencia artificial (IA)—, la tecnofobia parece instalarse en instituciones como la ONU, que ve en la IA un riesgo existencial para la humanidad, no deberíamos sumar otra alarma: la “fobiaperformance”, que desconfía de las disciplinas artísticas juveniles, como el farmear aura.
7. Cierre icónico. Un estudio reciente de las universidades de Queens, Calgary y Simon Fraser sobre el amor al trabajo arrojó tres constantes en los encuestados: la pasión, traducida en energía, dedicación, entusiasmo y admiración que se sienten por las tareas laborales; el compromiso, que nos hace vincularnos a la organización a la que servimos; y la intimidad no romántica con los compañeros de oficina, que abarca el afecto, la cercanía, la confianza y hasta la capacidad de compartir confidencias, lo que no significa traspasar los límites profesionales. Usted: ¿ama su trabajo?
