El centro vacío
Sección Editorial
- Por: Alejandra Sanchez
- 30 Octubre 2026, 05:00
Hay casas que podrían volver a vivir.
En el centro de Monterrey hay una paradoja difícil de ignorar: mientras se habla de construir vivienda y transformar la ciudad, miles de casas permanecen cerradas y deteriorándose.
Se estima que alrededor de 2,800 viviendas están deshabitadas en el primer cuadro de la ciudad. La cifra invita a preguntarnos cómo es posible que existan inmuebles sin uso mientras tantas personas necesitan una vivienda.
Detrás de cada casa vacía puede haber una herencia sin resolver, una propiedad que requiere una inversión que sus dueños no pueden asumir o un inmueble que se conserva a la espera de que aumente su valor. No todas están vacías por la misma razón; por eso, tampoco existe una solución única.
Cuando muchas viviendas se acumulan en una misma zona, la calle pierde habitantes, actividad y vigilancia. Los negocios encuentran menos clientes, algunos edificios se deterioran y caminar por ciertas calles puede sentirse menos seguro.
El abandono se vuelve parte del paisaje y, poco a poco, el centro deja de ser un lugar para vivir y se convierte en un sitio al que vamos solo a trabajar, hacer trámites o visitar un atractivo.
Por eso vale la pena mirar más allá de la idea de construir nuevos edificios. Monterrey necesita vivienda, pero también recuperar la que ya existe. Rehabilitar una casa, adaptar un inmueble para varios hogares o recuperar un local en planta baja puede devolverle movimiento a una calle sin extender todavía más la ciudad.
Especialistas han propuesto crear un fideicomiso para identificar y recuperar propiedades, además de facilitar proyectos de menor escala en terrenos pequeños. Antes, hay que saber quién es propietario de cada inmueble, qué reparaciones necesita y si tiene valor patrimonial. Sin ese diagnóstico, cualquier programa corre el riesgo de quedarse en anuncio.
No basta con pedir a los propietarios que restauren sus casas si los trámites son confusos, los costos son imposibles o no hay incentivos. Recuperar el centro tampoco debería significar borrar su historia ni desplazar a sus habitantes. La renovación debe sumar vivienda, servicios, comercio de barrio, sombra, banquetas cuidadas y espacios públicos donde la gente quiera quedarse.
Esto exige coordinación entre autoridades, propietarios, especialistas y vecinos, además de recursos y seguimiento público. No se trata solamente de pintar fachadas, sino de lograr que los inmuebles vuelvan a tener un uso y que las calles recuperen su actividad.
Una ciudad viva no se mide solo por sus torres nuevas ni por las avenidas que inaugura. También se mide por su capacidad de cuidar lo que ya construyó y de hacer que sus calles tengan vida.
En vez de pensar en viviendas en ruinas o problemas legales, Monterrey podría verlas como parte de la solución a su necesidad de vivienda. Recuperar el centro no consiste en volverlo una postal del pasado: consiste en devolverle futuro, con personas que vivan ahí, lo cuiden y lo hagan suyo. Y también, ¿por qué no? el incentivar a la gente joven a la recuperación.
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