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Opinión

The Dark Wizard

Cinefotógrafo y catedrático de la Carrera de Producción Cinematográfica de la UDEM. Contacto en mariogduenas@gmail.com @duenasmariog

El ser humano siempre ha vivido con la urgencia de buscar fronteras, de romper esos límites que parecen imposibles. No es raro que terminemos cruzando las barreras del conocimiento o persiguiendo retos que la mayoría consideraría una locura, o quizás, solo el destello de una imaginación desbordada.

¿Qué pasa cuando dos cineastas capturan esa mirada, ese sentimiento eléctrico de tener tanta vida en las venas que necesitas llevarlo todo al extremo? Esa, entre muchas otras incógnitas, es la promesa que nos entregan Peter Mortimer y Nick Rosen. ¡Ojo! No estamos hablando de cualquier cosa; nos sumergimos de lleno en la piel, los días y la leyenda de Dean Potter.

Hablar de Potter es hablar de un mito viviente en el universo de los deportes extremos y el alto riesgo. Desde desafiar la gravedad escalando roca limpia en todas sus modalidades, hasta el salto BASE, el slackline y el vuelo libre en wingsuit. 

Para él, estas disciplinas no eran solo deportes; eran el pretexto perfecto para asomarnos a la mente de quienes necesitan ese golpe puro de adrenalina para, curiosamente, encontrar la paz absoluta y sentir que de verdad pertenecen a este mundo.

No quiero aburrirte desglosando cada logro o fracaso del protagonista en este documental. Prefiero que nos detengamos en algo que a veces olvidamos como sociedad: el laberinto emocional de alguien que necesita rozar la muerte para sentirse verdaderamente abrazado por la vida. Esa, querido lector, es la hermosa y peligrosa dicotomía de un alma llevada al límite.

No se trata de satanizar el peligro. Al contrario, los deportes de riesgo pueden rozar la inmortalidad o la tragedia; todo depende de cómo se abrace el entrenamiento, respetando tanto los límites del equipo como los del propio cuerpo. 

Pero dinos: ¿Qué pasa cuando superas esas barreras y sales ileso? ¿Qué ocurre cuando vences a tu propio ego y subes un peldaño más hacia esa sensación de ser invencible? Esa, amigos, es una de las tantas e intensas variables que los directores logran descifrar en esta obra.

Ahora bien, cuando trasladamos esto a cualquier terreno de la vida, nos damos cuenta de que todos llevamos dentro un poco —o un mucho— de ese “hechicero oscuro”. Todos tenemos ese lado salvaje y agreste que anhela asomarse a límites irracionales. 

Sin embargo, es precisamente el romper esas barreras lo que hace que el cine cobre vida; lo que convierte al rock and roll en un fenómeno de masas eléctrico, como nunca antes se ha visto; lo que nos empujó a conquistar las estrellas en el espacio o a descifrar los misterios en lo más profundo del océano.

Es por eso, querido lector, que este documental, con todo lo estrambótico y brillante que es, no está hecho para consumirse desde el morbo. Está hecho para invitarnos a entrar sin miedo en nuestra propia caverna interna, y ser lo suficientemente valientes como para tomar esa fuerza oscura, abrazarla y llevarla directo hacia la luz.

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