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Opinión

Lenny Kravitz

Cinefotógrafo y catedrático de la Carrera de Producción Cinematográfica de la UDEM. Contacto en mariogduenas@gmail.com @duenasmariog

La atemporalidad es un don escaso. Pero si a esa eternidad le sumas un talento innato para dominar varios instrumentos y una voz en constante evolución, el destino se convierte en bendición.

Cronos es implacable, aunque siempre existen elegidos que desafían sus reglas. Leonard Albert Kravitz habita con orgullo en el top 10 de esos seres extraordinarios. 

Imposible olvidar aquel 1993, cuando presencié por primera vez la fuerza de este coloso del rock and roll. Are You Gonna Go My Way, título de su tercer álbum, nos regaló un himno que rompió cualquier molde establecido.

El verdadero estallido ocurrió cuando su videoclip irrumpió en MTV. En plena revolución grunge, sufrimos un viaje lisérgico hacia la psicodelia y el rock clásico. Aquello vibraba con el electrizante riff de Craig Ross y una batería implacable comandada por la genial Cindy Blackman. 

Si algo define a Lenny y a su banda, es esa sensualidad magnética que exudan en cada nota. ¡Y de qué forma lo hacen! Sin embargo, el viaje de Kravitz comenzó mucho antes. En 1990 ya producía y coescribía el icónico éxito de Madonna, Justify My Love, justo después de su brillante debut con Let Love Rule en 1989.

Doce álbumes más tarde, lejos de ser una moda pasajera, mantiene su esencia como una tendencia infinita. Con 41 años de trayectoria artística, intercalados con memorables cameos en la actuación, hoy se alza como un ícono de eterna juventud. Es el vivo reflejo del bienestar físico y mental, flotando más allá de cualquier opulencia.

No es casualidad que sea un referente de vida saludable. A sus 62 años desborda la vitalidad de un joven de 20. Esa energía parece inagotable; basta ver su gira de 2026, con la que incendió los escenarios de México en conciertos abarrotados. Encendió a la multitud de forma impecable, uniendo a distintas generaciones que corearon sus himnos sin detenerse.

Alma generosa y creador errante, Lenny navega con soltura entre la fotografía, el diseño y la actuación, manteniendo siempre la música como el latido espiritual que rige su existencia.

Más allá de todo lo que rodea a este titán del arte, hoy encarna la libertad absoluta. Aunque suene a cliché, la realidad es que Lenny ha trascendido épocas, modas y diversos romances con artistas y modelos, logrando además consolidar un vínculo casi perfecto con su hija, Zoë.

Nos demuestra con claridad que el amor lo puede todo. Su propuesta musical y su propia filosofía de vida están diseñadas para contagiar una vibración positiva, compartiendo plenitud y alegría por encima de cualquier otra emoción.

Te invito, querido lector, a sumergirte en los sonidos de este elegido de Cronos; un alma que, sin duda, mantendrá intacta su magia dentro de otros veinte años.

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