Opinión

El hombre al que nadie buscaba

Sección Editorial

  • Por: Antonio Rosique
  • 06 Octubre 2026, 22:50

Un grupo de scouts de los Tampa Bay Rays viajó hasta México buscando a un joven pelotero cubano llamado *Randy Arozarena*.

Randy no apareció en el entrenamiento.

Los scouts podrían haberse marchado.

Pero no lo hicieron.

*Se quedaron mirando.*

Y entre los muchachos que estaban aquel día en el campo descubrieron a uno de 17 años, zurdo, con buen contacto, control de la zona y un swing que merecía unos minutos más de atención.

Se llamaba *Jonathan Aranda*.

Nadie había viajado para verlo. Nadie había preguntado por él.

Pero Tampa Bay decidió apostar.

El *2 de julio de 2015* lo firmaron por unos *130 mil dólares*.

A eso le llaman *serendipia*: encontrar algo valioso mientras buscas otra cosa.

Pero hay algo que la serendipia no explica:

*lo que hacemos después de ser encontrados.*

En 2016, Aranda comenzó desde abajo, en la *Dominican Summer League*.

Después vinieron las ligas menores en Estados Unidos. Ocho equipos dentro del sistema de Tampa Bay. Los autobuses. Los hoteles. Las comidas fast food a deshoras en algún pueblo.

Los años de aprender, batear… y esperar.

Porque el azar puede colocarnos frente a una puerta inesperada.

*Pero atravesarla siempre depende de nosotros.*

El 24 de junio de 2022, siete años después de aquella tarde en Tijuana, Aranda finalmente llegó a Grandes Ligas.

Tenía 24 años.

Pero llegar tampoco significó quedarse.

Durante tres temporadas vivió entre Tampa y Triple-A, esperando convertir una oportunidad en un lugar definitivo.

Hasta que llegó *2025*.

Aranda bateó *.316* y fue seleccionado por primera vez al *Juego de Estrellas*.

Ya no era una promesa.

*Era un pelotero de Grandes Ligas.*

Y en 2026 volvió a responder: *22 jonrones, 92 carreras impulsadas* y otra temporada como uno de los bats importantes de Tampa Bay.

Hoy, once años después de aquella casualidad en Tijuana, aquel muchacho al que nadie había ido a buscar…

*está jugando en octubre.*

Quizá ahí termina la serendipia y comienza algo mucho más importante.

La oportunidad fue accidental.

*Todo lo que Jonathan Aranda hizo con ella, no.*

Porque algunas historias comienzan por casualidad.

Pero ninguna carrera de once años se construye por accidente.

Y pensar que todo comenzó porque alguien no llegó a una cita…

*y alguien más decidió mirar cinco minutos más.*

Compartir en: