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Opinión

Una garantía con fecha de caducidad

Protágoras

Hay frases que tranquilizan por fuera y preocupan por dentro. En Tamaulipas surgió una de ellas: no hay desabasto, el suministro está garantizado… pero la reserva alcanza apenas para siete u ocho días. Y ahí, estimado lector, está el detalle. 

Garantizar el abasto con una semana de reserva es como prometerle a sus invitados que la fiesta no se quedará sin comida, mientras mira de reojo un refrigerador que solo aguanta hasta el viernes. La intención es buena. El margen, no tanto.

Walter Julián Ángel Jiménez, secretario de Desarrollo Energético, acierta al pedir calma y al desalentar las compras de pánico, porque el pánico vacía tanques más rápido que cualquier falla logística. Pero la frontera, que hoy juega a favor por su infraestructura, no sustituye lo que el país entero arrastra: poca capacidad de almacenamiento. 

Once estados ya lo resienten. Tamaulipas, por ahora, respira. La pregunta no es si hoy hay gasolina. La pregunta es qué pasa el día nueve. Y esa, conviene responderla antes, no después.

LA CAPITAL QUE DECIDIÓ TENER NOMBRE PROPIO

Hay ciudades que esperan a que alguien las gobierne, y hay ciudades que esperan a que alguien las crea. Ciudad Victoria, capital de Tamaulipas, llevaba años en la primera lista. 

Hoy, con Eduardo Gattás Báez al frente, intenta mudarse a la segunda. Lo que parece rutina, ocho cuadrillas saliendo cada mañana a chapolear, podar y retirar maleza en las 525 colonias, es en el fondo, una declaración de principios. 

Una capital no se mide solo por sus edificios de gobierno, sino por la dignidad de sus banquetas. Y ahí, en lo pequeño, se pelea la batalla grande. Gattás lo entendió, 

cuando advierte que “no vamos a tolerar más rezago en la recolección de basura”, no habla de camiones: habla de respeto. La basura acumulada es la metáfora más honesta del abandono. Levantarla, todos los días, es recordarle al ciudadano que existe, que cuenta, que su colonia merece lucir como la de cualquier capital que se respete. 

En la política tamaulipeca, las capitales suelen gobernarse de rodillas, pendientes de lo que dicte el poder estatal. Gattás camina otra ruta: leal, sí; institucional, también; pero con voz propia. Edifica un legado que no pide permiso. Embellecer la ciudad, vista así, es un acto político de mayor calado. Es decir, sin gritarlo, que Victoria no será más la prima pobre del estado, sino capital con todas sus letras. 

Queda el reto de la constancia. Las jornadas de limpieza entusiasman; los legados, en cambio, se forjan cuando dejan de ser noticia. Si Gattás convierte lo extraordinario en cotidiano, habrá logrado lo más difícil: darle a una capital vida propia.

¡¡Yássas!!

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