Opinión

El lirio no es el problema: es el drenaje

Sección Editorial

  • Por: Luis Padua Viñals
  • 23 Junio 2026, 04:58

Hemos mirado aterrados las imágenes del arroyo La Chueca, en Santiago, Nuevo León, “tapizado” con lirio acuático. 

Lirio que amenaza con dañar severamente el ecosistema no sólo del arroyo en cuestión, sino de la presa La Boca completa —que es de donde sale el afluente—, al dejar sin luz y sin oxígeno a su flora y fauna, poniendo en peligro el abasto de agua más inmediato que tiene la zona metropolitana de Monterrey. ¡Una situación verdaderamente grave!

Pero el lirio no es el verdadero problema. El problema es aquello que el lirio nos está mostrando: la contaminación de las aguas, derivada principalmente del derrame de aguas negras en la zona por el colapso de los drenajes del lugar, que requieren mantenimiento y ensanchamiento urgente. 

Hoy, brigadas luchan contra el lirio, retirando toneladas de esta vegetación, mientras la comunidad manifiesta su preocupación por el impacto ambiental.

Pero de nada servirá extraer una vegetación que volverá a crecer por un exceso de nutrientes en el agua, provocado principalmente por descargas de aguas residuales.

Dicho de otra manera: el lirio no es la enfermedad. Es el síntoma.

Por eso es momento de dirigir la conversación hacia un problema literalmente mucho más profundo: el deterioro de la infraestructura sanitaria de nuestra ciudad.

El propio organismo Agua y Drenaje de Monterrey reconoció hace apenas un par de años que se han encendido focos rojos en la red de drenaje sanitario del estado. Con más de 16,000 kilómetros de extensión, alrededor de 1,000 kilómetros de tuberías de drenaje sanitario ya se encuentran fuera de su vida útil. De éstos, al menos 180 kilómetros presentan un deterioro severo que requiere atención prioritaria.

Basta recorrer distintos municipios del área metropolitana para encontrar horripilantes escenas que hace tiempo dejaron de ser excepcionales: coladeras de las que brotan aguas negras, colectores colapsados, malos olores permanentes, escurrimientos hacia arroyos y fugas que tardan semanas o meses en corregirse.

Lo que hoy vemos en la presa La Boca podría ser solamente la manifestación más visible de un problema que lleva años desarrollándose debajo de la tierra en la metrópoli de Monterrey.

Y sí, el problema de siempre de las administraciones que van y vienen es que priorizan las obras que pueden fotografiarse —puentes, avenidas, parques o líneas del Metro—, mientras que la infraestructura que permanece enterrada les resulta menos atractiva de arreglar porque no se ve. Entonces no se presume.

Sin embargo, pocas inversiones públicas tendrían un impacto tan profundo sobre la calidad de vida de los regiomontanos como un sistema de drenaje moderno y funcional.

No se puede responsabilizar a una sola administración. Hablamos de décadas de crecimiento urbano, de infraestructura que envejeció al mismo tiempo que la ciudad y de inversiones que, por una u otra razón, fueron posponiéndose.

Pero precisamente por eso, solucionar el envejecimiento del drenaje sanitario en Monterrey merece convertirse en una prioridad.

Sí, retirar el lirio seguirá siendo necesario. Limpiar el arroyo también. Pero tarde o temprano la naturaleza volverá a responder de la misma manera. El problema de fondo es la contaminación. Y, en este caso, el factor primordial son los drenajes, de una zona que, además, ha crecido de manera desordenada y sin ir de la mano con la construcción de la infraestructura adecuada.

Cuando una ciudad comienza a ver brotar el drenaje en sus calles y la contaminación en sus presas, quizá ya no estamos frente a un problema ambiental. Estamos frente a una infraestructura que lleva demasiados años pidiendo auxilio.

Nuestra ciudad tiene una gran deuda con una infraestructura invisible: la del drenaje. ¿Será que esta administración estatal podrá dar el primer paso que no dieron la mayoría de los gobiernos anteriores?

Les queda un año. ¡Veremos!

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