Ron_Rolheiser_1x1_269c01155c
Opinión

Nuestros corazones, a veces mezquinos

Espiritualidad

John Muir preguntó una vez: “¿Por qué los cristianos son tan reacios a dejar entrar a los animales en su cielo mezquino?”.

Lo mismo podría decirse de nosotros como iglesias: ¿por qué a veces somos tan reacios a acoger a otros en la misericordia de Dios y en nuestras mesas de comunión?

Ciertamente, no podemos tomar a Jesús como modelo para actuar así. Al observar los Evangelios, no hay ningún incidente registrado en el que Jesús impusiera alguna condición moral o religiosa para sentarse a la mesa con Él.

Nuestro modelo son, más bien, los discípulos bienintencionados de Jesús, quienes, al igual que nosotros, intentaban protegerlo apartándolo de diversos grupos, incluidos los niños pequeños. Sin embargo, siempre, ante esto, escuchamos a Jesús decir claramente: “¡Dejen que vengan a mí!”. No es de extrañar que enviara a sus discípulos lejos para poder reunirse con la mujer samaritana que había estado casada cinco veces.

Lo que voy a sugerir conlleva un riesgo, ya que, hay que reconocerlo, la cuestión de la intercomunión es más compleja de lo que se puede resolver simplemente diciendo que Jesús acogía a todos (aunque nunca debamos ignorar esto último).

En cuanto a la cuestión de la intercomunión, existe un amplio consenso teológico de que el bautismo da acceso a la mesa de la comunión. Como denominaciones cristianas, reconocemos la validez de los bautismos de las demás. Entonces, ¿por qué no puede cualquier cristiano acudir a cualquier iglesia cristiana y ser bienvenido a la mesa de la comunión?

Porque cada denominación es una familia en sí misma, y normalmente las familias comen en sus propias mesas. Por lo general, uno acude a su propia familia confesional para la comunión. Mas esta es una consideración pastoral, no teológica.

Sin embargo, ocasionalmente comemos en la casa y mesa de otra persona. La mayoría de las principales teologías de la Eucaristía se basan en esta distinción y diferencian entre la intercomunión “ocasional” (funerales, bodas, encuentros de fe) y la intercomunión “regular”. La primera tiene sentido desde el punto de vista pastoral; la segunda, no. Uno solo come regularmente en la mesa de otra persona si es miembro de la familia o del hogar.

Dada esa preocupación pastoral, las iglesias han tenido normas variadas, que van desde una amplia acogida hasta una estricta exclusión, dependiendo de cómo sus dirigentes evalúen la situación. Por ejemplo, en la Iglesia Católica Romana, a lo largo de las décadas de 1960 y 1970, los católicos solían acoger a otras personas para recibir la comunión en ocasiones especiales.

Más tarde, durante los años ochenta y noventa, se pidió cada vez más a quienes presidían la Eucaristía en tales ocasiones que no invitaran públicamente a recibir la comunión a fieles de otras iglesias. Es más, después del año 2000, se solicitó a los celebrantes que desinvitaran públicamente a los miembros de otras iglesias a participar en la comunión. Recientemente, se ha observado un cambio gradual hacia una postura más acogedora.

¿Qué cabe decir sobre estas idas y venidas? En primer lugar, que se trata de una cuestión pastoral más que teológica y que, desde una perspectiva pastoral, es legítimo defender posturas diversas.

Existe un consenso general en que todos deseamos que las distintas iglesias cristianas lleguen a ser algún día una sola familia, con una única mesa de comunión para todos. El desacuerdo radica en cómo llegar allí.

Algunos sostienen que la necesidad de “ayunar” de la intercomunión despertará en nosotros un mayor anhelo de convertirnos en una sola Iglesia y nos motivará a trabajar de manera más proactiva por el ecumenismo. Otros, en cambio, argumentan que una actitud más acogedora respecto a la intercomunión será lo que nos impulse a trabajar activamente por la unidad ecuménica. ¿Quién tiene razón?

Ambos argumentos tienen su lógica; sin embargo, confieso que mi corazón se inclina hacia el segundo grupo. Según mi experiencia, excluirnos mutuamente de la mesa eucarística tiende a endurecer nuestras divisiones en lugar de suavizarlas; por el contrario, acogernos unos a otros en torno a la Eucaristía ayuda a disipar las sospechas mutuas que hemos alimentado durante los quinientos años transcurridos desde la Reforma.

Asimismo, discrepo de la idea de que una iglesia concreta (en mi caso, la Iglesia Católica Romana) sea la única expresión plenamente auténtica de la Iglesia, o de que otras confesiones carezcan de un discipulado auténtico y, por tanto, que permitir a los no católicos recibir la comunión en nuestra mesa suponga, de algún modo, restar valor a la Eucaristía y a la presencia real.

En este punto, al igual que los discípulos de Jesús —bienintencionados, pero equivocados—, intentamos proteger a Jesús de personas que, a nuestro juicio, no están preparadas para vivir ese encuentro e intimidad con Él. Debemos recordar que Jesús siempre respondía a tales actitudes diciendo: “¡Dejad que vengan a mí!”. Jesús no necesita ni desea nuestra protección.

Además, el amor, la misericordia y el abrazo de Dios que Jesús encarnó y predicó eran todo lo contrario a la mezquindad. Eran amplios, acogedores y abarcaban a todos universalmente. Dios no tiene favoritos, salvo que cada uno de nosotros es el favorito particular de Dios. Dios no es una deidad privada o tribal, propiedad ni bajo el control de ninguna fe, religión, denominación o Iglesia en particular.

Esto no quiere decir que todas las fes, religiones e Iglesias sean iguales y que deban borrarse todas las fronteras que las separan. No. Pero quiere decir que no debemos ser tan reticentes a incorporar a otros en nuestra mezquina comprensión del abrazo universal de Jesús.

Ron Rolheiser, OMI
www.ronrolheiser.com

más del autor

Una ingenuidad del corazón

La oscuridad solo es mala porque existe la luz. El pecado solo puede ocurrir...

La puerta estrecha

¿Qué es lo que hace a un padre?

Mi padre falleció hace cincuenta y seis años, a altas horas de una noche de...

últimas opiniones

La factura de los conflictos internos

Pocos, pero ruidosos. Son apenas unos cuantos los gobiernos que le ha tocado...

Ramalazo de la Corte sobre juicio a Samuel

¡Zasss!… Resulta que el pleito entre el Congreso local y el gobernador de...

El Mundial en la cancha de la propiedad intelectual

El 11 de junio de 2026 se inició oficialmente la Copa Mundial de la FIFA....

La paz que merece Nuevo León

Cada arma que sale de circulación representa una posibilidad menos de que...

×