Algo que deberían saber bien los políticos es que no siempre la conversación política empata con la experiencia ciudadana.
Y sería bueno que muchos se den cuenta de que justamente eso está ocurriendo hoy en Nuevo León con todo lo que rodea al Mundial FIFA 2026.
Quien siga exclusivamente el debate en redes sociales, algunos espacios de opinión o buena parte de la discusión política, podría concluir que el llamado “modo party” ha generado un profundo malestar entre buena parte de los nuevoleoneses.
Alguien desde otro lugar del mundo que lea editoriales y escuche a algunos de los políticos nuevoleoneses, podría pensar que la urbe de Monterrey vive dividida y que las actividades relacionadas con el Mundial son motivo permanente de confrontación.
Pero quien realmente sale a las calles de la metrópoli regia se topa con una realidad muy distinta. Cuando menos, bastante más compleja.
Quien ha vivido la fiesta mundialista en Nuevo León ha sido testigo de cómo miles de personas han participado en las actividades organizadas alrededor de esta Copa del Mundo.
Familias completas han acudido a los eventos, los corredores peatonales han funcionado, los espacios públicos se han llenado, los visitantes han encontrado una ciudad ordenada y las celebraciones se han desarrollado, en términos generales, con seguridad y buena organización.
Desde luego, persisten problemas importantes, como los apagones o el retraso en algunas obras originalmente comprometidas, en especial la del Metro y las mejoras en las vialidades aledañas.
Pero llama la atención que, mientras una parte importante del ecosistema político mantiene la discusión centrada en criticar el “modo party” en el que se autodefinió el gobernador Samuel García, junto con las acciones gubernamentales que giran alrededor de este evento, miles de ciudadanos parecen estar juzgando toda esta realidad de una manera mucho más sencilla: por la experiencia que realmente vivieron.
Y la experiencia termina pesando mucho más. Sin duda, termina pesando más que el relato.
Por eso muchas de estas críticas no siempre han encontrado buen eco entre una mayoría de quienes simplemente salieron a disfrutar de la fiesta mundialista.
Durante décadas Monterrey fue una ciudad acostumbrada principalmente a mirarse a sí misma. Hoy está aprendiendo a recibir al mundo. Y organizar un Mundial implica mucho: además de albergar partidos de futbol, tiene que demostrar capacidad institucional, infraestructura, movilidad y buena convivencia. Y la urbe regia está demostrando que sí puede hacerlo.
Lo cierto es que los juegos se realizaron con orden, la movilidad peatonal funcionó, los visitantes encontraron infraestructura moderna y la hospitalidad regiomontana volvió a convertirse en uno de los mejores activos de Nuevo León.
Eso es lo que va a quedar en la memoria histórica de este tiempo. Este periodo difícilmente podrá verse como otra cosa que no sea un acierto para la comunidad nuevoleonesa, incluyendo a la sociedad y sus autoridades.
Pero claro, como dentro de algunos meses comenzarán formalmente las campañas electorales, los políticos —y los entes que los apoyan— ya intentan imponer su propia narrativa sobre lo ocurrido.
Es el mundo de la política; mas no necesariamente de la realidad.
Cuando la experiencia ciudadana termina siendo mejor que el relato político, quizá sea momento de darse cuenta de que ese discurso político no está siendo efectivo.
Necesitamos la crítica, pero también hay que reconocer los aciertos cuando éstos existen.
Porque si bien el optimismo cómplice empobrece el debate, también el entrar en un puro “modo grinch”, donde nada nunca está bien hecho, termina reduciendo el análisis serio a una simple y burda batalla política.
