Semana Santa y vacaciones… oportunidad para reafirmar valores en casa
Entre profes y Política
El mundo cristiano está gozoso por seguir manteniendo la esperanza de la resurrección derivada de la Pasión y muerte de Jesucristo hace 2026 años, según la Biblia. ¿Y cómo no creer en Dios, si nos dio el origen y la vida? Razón suficiente de análisis familiar en el ramo espiritual y religioso, sin pasar por alto el educativo. La comida de Cuaresma es una de las tradiciones muy arraigadas en las familias mexicanas que muestran el fervor y amor por Jesús crucificado, enfatizando el cristianismo; es compartir, desde ese tema, el gran respeto y la esperanza de la vida eterna prometida por él mismo a sus fieles seguidores y a sus apóstoles para pregonar las Buenas Nuevas por todo el planeta. “Amar a Dios sobre todas las cosas “y “Amaos los unos a los otros”, son los enunciados pilares donde descansa el mensaje divino salvador y redentor. Vivir en familia, no tiene par. Así sea.
Dentro de este contexto, es pertinente seguir remarcando y recordando que los valores se cultivan y forman en casa. En los planteles educativos solo se refuerzan. Para dar explicación al tema central de esta columna, haremos un poco de historia: la población postrevolucionaria de nuestro país en 1921 era de 14 millones 334,780 habitantes. La Revolución trajo como consecuencia atroz una baja de casi un millón de pobladores, según el censo de ese entonces. Ahora bien, la población analfabeta alcanzaba casi el 70%, aunado a la escasez de maestros. El gran reto de José Vasconcelos, secretario de Educación de esa época, fue precisamente ese: erradicar al máximo el analfabetismo. La forma de vivir del mexicano era muy deplorable. Urgían maestros a como diera lugar. Es más, fueron “invitadas” a dar clases las personas que tan solo supieran leer y escribir; con eso fue suficiente para ser maestros empíricos. Esa fue su denominación laboral.
México tenía que salir adelante; salir airoso de la crisis revolucionaria a la que fue expuesto se convirtió en la premisa fundamental. Habría que construir un México para enfrentar los retos del siglo XX, que ya llevaba dos décadas de avance, y solo en las grandes metrópolis se veía parte del progreso mundial. Principalmente, solo en la CDMX, Monterrey y Guadalajara el progreso científico se podía observar. Las áreas rurales estaban superolvidadas. Aquí radicaba el cuello de botella de la ciencia. Sin embargo, la mano del docente fue cambiando poco a poco esa visión. Todos los que trabajaron y trabajan en este medio socioeconómico no me dejarán mentir.
En el campo no solo se iba a enseñar, sino que también se iba a aprender. ¿Aprender qué? Entre tantas cosas, el gran amor a la Patria, los valores humanos y la fe ciega hacia el maestro de la escuela. El cariño y respeto para “el profe” era inconmensurable. Ser maestro rural es y ha sido siempre un gran orgullo y satisfacción.
Los que somos hijos de campesinos reafirmamos la postura de esta narrativa. No significa que sea premisa universal, porque hay mucha gente cien por ciento citadina, en lo que a sus antepasados se refiere, con una gran educación cívica dada en casa, con resultados sumamente extraordinarios; siendo este enfoque el pilar del escrito de hoy.
Citadinos o no, la niñez mexicana gozaba con participar en todo en las escuelas: desfiles, concursos, asambleas, bailes folklóricos, pequeñas obras de teatro, montar exposiciones, hacer y exhibir el periódico mural, ser miembro de la escolta y/o de la banda de guerra, trabajar en equipo para asear el salón y la escuela en general, etcétera, etcétera. Estaba haciendo eco el nacionalismo champado por Vasconcelos y sus sucesores.
En los hogares, el papel de la mujer es vital, trascendental e imprescindible en el desarrollo y formación de la familia. Y, para decir verdad, me quedo corto en las cualidades de “ella”. Sin menospreciar las cualidades del varón (protector, proveedor, respeto, seguridad, etc.), las de la figura femenina son irremplazables. Sin embargo, en esta sociedad moderna, llena de oportunidades laborales para los más y mejor estudiados, la mujer, “al salir de casa” para buscar junto con su esposo la mejoría económica familiar, deja en suspenso la formación de valores. Inicio de la crisis actual.
Para rematar: con el paso de los años, la figura del divorcio se hizo más presente en todos los sectores de la sociedad; los maestros lo notaron en el aula significativamente a partir de los años noventa del siglo anterior. Por consiguiente, con la ausencia de la mayor parte de valores en casa, los padres de familia iniciaron su reclamo en las aulas. Es decir, que los docentes, además de brindarles conocimientos y desarrollo de aptitudes a los niños, les proporcionaran también valores de todo tipo; ¡ah!, pero eso sí, sin regaños ni imposiciones de ninguna naturaleza. Es más, que los dejen entrar al plantel, aunque sea muy tarde. Incluso, que los acepten con el pelo largo a los varones y a las niñas con el pelo pintado, porque de lo contrario su “retoño” puede sufrir “daños psicológicos irreversibles”. ¡Órale! Y, ¿hacer el aseo del salón? No, hombre, ni de chiste. En fin, tesis y antítesis. La paz del Señor sea con vosotros. La verdad, como es. Se tenía que decir y se dijo. Hasta la próxima.
