El precio de la inmovilidad
Sección Editorial
- Por: Ivonne Bustos
- 02 Marzo 2026, 00:00
¿Cuánto vale la vida que se nos va mientras esperamos en el tráfico de la ciudad?
Monterrey y su zona metropolitana parecen haber caído en una trampa de metal y concreto de la que ya no sabemos cómo salir. No es una percepción subjetiva; los datos de la encuesta Así Vamos 2025 son un diagnóstico crudo: el uso del automóvil se ha incrementado 45% respecto a otras formas de movilidad [cite: 1, 2]. Es, en esencia, la respuesta lógica de un ciudadano que se siente acorralado por un entorno que no le ofrece alternativas dignas.
Hoy, un regiomontano promedio invierte una hora con 40 minutos de su día frente al volante. Para quien depende del transporte público, la condena sube a más de dos horas [cite: 1, 2]. Al final de la jornada, todos convergemos en las mismas arterias saturadas, compartiendo la misma frustración en una hora pico que parece eterna. No es sorpresa que, para el 52.3% de la población, la congestión vehicular sea ya la prioridad número uno por resolver [cite: 4].
El “impuesto” del tiempo y la distancia
Moverse en nuestra metrópoli es un acto de resistencia que comienza mucho antes de subir al autobús. En promedio, un ciudadano debe caminar 19 minutos solo para llegar a la parada o estación más cercana [cite: 1, 2]. Una vez ahí, se enfrenta a un tiempo de espera que se ha disparado: de los 19 minutos que se promediaban en 2019, hoy la espera es de 32 minutos [cite: 1, 2]. Casi una hora de vida se pierde en el asfalto antes de que el viaje siquiera comience formalmente.
Esta ineficiencia no solo nos roba tiempo, también recursos. El costo promedio diario del viaje principal en transporte público ha pasado de $29.07 en 2019 a $51.35 en 2025 [cite: 3]. Pero esta cifra esconde una brecha de desigualdad lacerante: mientras en San Pedro el costo promedio es de $33.44, en municipios de la periferia, como García, el gasto sube a $76.12 diarios [cite: 3]. Estamos obligando a quienes menos tienen a vivir más lejos, a pagar más y a esperar el doble.
La falacia del asfalto y la ciudad de 15 minutos
Ante el crecimiento, la respuesta inercial es ensanchar las vías. Sin embargo, el asfalto es un imán que solo atrae más tráfico. El problema estructural es que el 40% de los viajes principales ocurren fuera del municipio donde se habita. Hemos construido una ciudad fragmentada, donde la casa y el trabajo son islas distantes, ignorando modelos como la “Ciudad de 15 Minutos” de la iniciativa SMART Cities, que propone que lo esencial esté a una distancia caminable.
La inversión industrial llega a la periferia por la disponibilidad de tierra, pero el costo humano se queda estancado en nuestras avenidas. Es urgente redensificar nuestros centros con vivienda vertical y usos de suelo mixtos; recuperar el corazón de la ciudad es la única forma de dejar de expulsar a los trabajadores hacia los márgenes y condenarlos a desplazamientos eternos.
La prueba de fuego: Del Pa'l Norte al Mundial
Este colapso tendrá su ensayo general este mismo mes. La coincidencia de eventos masivos, como el festival Pa'l Norte y los eventos deportivos previos al Mundial FIFA 2026, pondrá a prueba cada costura de nuestra movilidad. Miles de turistas llegarán a una metrópoli que presume modernidad, pero que los recibirá con paradas sin infraestructura mínima y vialidades estranguladas. ¿Qué versión de nosotros mismos mostraremos al mundo cuando ruede el balón en 2026?
Un silencio necesario
La estrangulación de la movilidad es producto de una planeación que siempre llega tarde, corriendo detrás de un crecimiento económico que no nos espera. En Nuevo León, la planeación coordinada sigue siendo una asignatura pendiente, mientras el tiempo carcome nuestra salud mental y nos enferma.
Vamos tarde. Y mientras el motor sigue encendido en medio del tráfico, vale la pena reflexionar: ¿estamos construyendo una gran metrópoli o simplemente un gran estacionamiento donde la vida se nos va por la ventana?
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