El viernes pasado, el recreo de una escuela pública en Nuevo León se transformó para mí en una lección de vida que no se encuentra en ningún libro de texto. Mientras participábamos en las clases de inglés que llevamos a cabo junto con alumnos del TEC, recibí tres regalos que guardaré siempre en la memoria: un nugget, un bombón y un chicloso.
Cada niño que se acercó para entregarme estos pequeños tesoros me hizo sentir una profunda esperanza en el futuro. Con tan poco que como ciudadanos podemos dar —en este caso, apenas una hora a la semana—, los niños responden con una avalancha de gratitud, interés, empatía y curiosidad. Es la motivación intrínseca en su estado más puro. María Montessori solía decir: “sigan al niño”, y cuánta razón tenía; si tan solo nos detuviéramos a observar su capacidad de amar y aprender, entenderíamos que el potencial para transformar nuestro estado está ahí, en sus manos pequeñas que comparten lo que tienen.
Sin embargo, esta esperanza choca frontalmente con una realidad estadística que no podemos ignorar. Nuevo León es, sin duda, uno de los estados con mayor empuje y desarrollo industrial de México, pero detrás de esa fachada de prosperidad se esconde un agudo rezago educativo que exige nuestra atención inmediata.
En primer lugar, es alarmante reconocer la magnitud de la deuda educativa en nuestra entidad. Según un análisis de Coparmex Nuevo León con datos de CONEVAL, existen actualmente 818,700 personas con rezago educativo en el estado. Esto significa que el 13.5 por ciento de nuestra población carece de una educación completa o no asiste a un centro de formación formal teniendo la edad para hacerlo. Aunque Nuevo León registra una de las tasas más bajas del país, esta cifra representa a casi un millón de ciudadanos que ven limitadas sus oportunidades de crecimiento y mejora de bienestar económico y social debido a la falta de instrucción.
En segundo lugar, el momento más crítico para nuestros jóvenes ocurre en el puente hacia su vida adulta: la preparatoria. A pesar de nuestro dinamismo laboral, la deserción escolar en la educación media superior en Nuevo León alcanzó tasas del 13% en el ciclo 2023-2024. Lo más preocupante es que el 65% de este abandono ocurre durante el primer año, lo que evidencia una falla sistémica en la transición entre la secundaria y el bachillerato. La “necesidad de trabajar” es la causa oficial más frecuente (45%), pero detrás de ella se ocultan historias de ansiedad académica, falta de apoyo socioemocional y un currículo que muchos estudiantes perciben como poco relevante para su realidad.
Finalmente, Nuevo León no es una realidad educativa homogénea; vivimos en un estado de contrastes profundos. Mientras que municipios del área metropolitana como San Pedro o San Nicolás muestran altos niveles de escolaridad, en la zona rural y periférica la desigualdad es “alarmante”. Municipios del sur como Mier y Noriega, Doctor Arroyo o Aramberri presentan índices de desigualdad y falta de oportunidades similares a los estados más pobres de la República, con promedios de escolaridad muy por debajo de la media nacional. En estas comunidades, la falta de infraestructura y servicios básicos convierte la permanencia escolar en un acto de heroísmo cotidiano.
El nugget, el bombón y el chicloso que recibí el viernes no eran solo golosinas; eran votos de confianza de una generación que no se ha rendido a pesar de las cifras. Si una hora de inglés a la semana puede despertar tanta gratitud, imaginemos lo que lograríamos si como sociedad decidiéramos que ningún niño en el sur del estado o en las periferias de Monterrey se quede atrás.
Hoy, Nuevo León tiene una nueva Ley de Educación que promete inclusión y herramientas digitales, pero las leyes son solo papel si no van acompañadas de la voluntad ciudadana de “seguir al niño”. No podemos permitir que el código postal determine el destino de un estudiante. Es momento de transformar nuestras aulas en espacios de verdadera esperanza. Al final del día, la verdadera riqueza de este estado industrial no está en sus fábricas ni en sus grandes edificios, sino en la mirada curiosa de ese niño que, después de clase, se acerca para regalarte lo mejor que tiene. Ese es el Nuevo León que vale la pena construir.
Dra. Marysol Flores Martínez
TEDx Speaker · Autora · Consultora · Familióloga
Dra. en Liderazgo y Desarrollo Humano
Maestría en Psicología Neuroeducativa
Maestra de cátedra del Tec de Monterrey
Fundadora de @familiaviva.mx
