Me pregunta un amigo exportador de Nuevo León si debería estar preocupado por su negocio ante la revisión del T-MEC. Le digo que, más que preocupado, debería estar asustado.
Ayer comenzó la revisión de este tratado que, para efectos prácticos, ya no es el mismo que se suscribió originalmente. Sus consecuencias, nada optimistas, tocan a miles de empleos en autopartes, manufactura, acero y todo lo que exportamos a EUA.
Ya sé que el tratado no desaparece, pero vienen ajustes graves, fuertes. ¿El más importante? El de las reglas de origen del sector automotriz.
Hoy se exige que 75% de un vehículo o sus piezas se produzca en la región; es decir, México, EUA y Canadá.
Trump busca endurecer eso y reducir la dependencia de componentes que vienen de China. ¿Lo conseguirá? A toda costa. Sobre todo, flexibilizando esas reglas del tratado para poder revisarlas anualmente y dejar pasar las elecciones intermedias de su país.
Si las reglas cambian, las empresas que no cumplan pagarán aranceles, perderán competitividad o las dos cosas, como seguramente le pasará a mi amigo.
¿Qué debe hacer? Tres cosas muy concretas y urgentes:
Primero: auditar sus cadenas de suministro. Cada empresa —grande o chiquita— tiene que saber dónde está parada. En otras palabras, saber de dónde vienen sus piezas: ¿cuánto contenido es regional y cuánto viene de fuera? Esto no se resuelve en una semana. Va para largo. Si mi amigo se espera a que las reglas cambien, llegará tarde y caro.
Segundo: mi amigo, como todos los dueños de empresas grandes o pequeñas, debe buscar proveedores locales. La mejor defensa es el ataque, como dicen los estrategas militares: a ponerse a buscar más piezas hechas aquí o en los alrededores. Nuevo León tiene capacidad industrial, pero todavía dependemos demasiado de insumos importados.
Tercero: mi amigo debe formar para su empresa más técnicos especializados en la UANL, el ITESM o en las universidades que más quieran. Tengo claro que no está en sus manos, pero sí en sus ruegos. En Nuevo León hay escasez de personal capacitado en automotriz, manufacturas avanzadas y tecnologías nuevas. En esta columna lo señalamos con justa anticipación. A trabajar con clústeres y con el gobierno estatal para cerrar esa brecha. Sin gente preparada, no hay nearshoring que valga. Eso lo tiene claro Emmanuel Loo.
No se trata de alarmar a mi amigo, pero debe prepararse.
La revisión del T-MEC puede ser un problemón si no hacemos nada… o puede ser una vía para salir bien librados. Ojalá sea lo segundo. Por el bien de todos, primero los emprendedores.
