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Opinión

El resurgimiento del oro impulsado por China reestructura la demanda global

Inteligencia Financiera Global

El oro ha retomado con fuerza su tendencia alcista, alcanzando nuevamente los 3,300 dólares la onza en la sesión del martes. Este repunte no es una simple corrección técnica, sino el reflejo de un cambio estructural en la demanda física, liderado por China. 

El regreso agresivo de los compradores chinos, tanto institucionales como minoristas, ha reconfigurado el comportamiento del mercado, consolidando al oro como un activo refugio de preferencia en un entorno de tensiones geopolíticas, estrategias de desdolarización y volatilidad financiera.

El hecho más notable es el resurgimiento de la demanda china durante la sesión nocturna de Shanghái, cuya intensidad ha desencadenado nuevas compras en la COMEX, elevando el interés abierto en un 3% para el oro y en un 4% para la plata. Esta dinámica ha sido impulsada, en parte, por el arbitraje entre la Bolsa de Futuros de Shanghái (SHFE) y el mercado de metales de Nueva York (CMX), lo que indica una presión de compra sostenida a nivel institucional. 

La evidencia más contundente de este fenómeno se encuentra en los datos de abril, cuando las importaciones chinas de oro, excluyendo las compras del Banco Popular de China (PBOC), alcanzaron su nivel más alto en un año. Esta fortaleza en la demanda física ha mantenido la prima del oro en el Shanghai Gold Exchange persistentemente alta frente a la referencia londinense (LBMA), pese a los precios elevados, lo que sugiere una reorientación estratégica de largo plazo.

Uno de los motores fundamentales detrás de este cambio estructural es el nuevo mandato regulatorio de la China Banking and Insurance Regulatory Commission (CBIRC), que, desde marzo de 2025, exige a las aseguradoras del país mantener al menos el 1% de sus activos invertidos en oro físico. Dada la magnitud de los activos aseguradores en China —estimados en más de 32 billones de yuanes (unos 4.5 billones de dólares)—, este mandato implica una absorción de cientos de toneladas de oro en los próximos tres años, desplazando simultáneamente inversiones en bonos del Tesoro estadounidense.

Esta política no solo promueve la desdolarización activa, sino que transforma al oro en una herramienta geopolítica.

En paralelo, el Banco Central de China ha intensificado su programa de acumulación de reservas auríferas, añadiendo cerca de un millón de onzas (30 toneladas) en los últimos seis meses, bajo un enfoque disciplinado y moderado que evita la distorsión del mercado. Esta estrategia refleja el objetivo de alinear la proporción de reservas en oro —actualmente en torno al 8%— con el promedio global del 20%. A la tasa actual de adquisición, China podría alcanzar este umbral en un plazo estimado de tres años, generando una demanda adicional de carácter estructural.

El efecto combinado de estas iniciativas —compra institucional regulada, inversión minorista creciente y adquisiciones centrales persistentes— ha generado una presión alcista sostenida que ha llevado a los precios del oro a registrar máximos sucesivos en lo que va de 2025. Desde enero, el metal precioso ha subido casi un 30%, motivando a analistas de entidades como Goldman Sachs, JPMorgan, Bank of America y Citigroup a revisar al alza sus proyecciones, calificando la situación como un "cambio revolucionario en la demanda física de oro".

El mercado también refleja señales técnicas relevantes: la volatilidad implícita para opciones call a seis meses con un delta del 25% se mantiene alrededor del 19.5%, y el skew continúa barato, en torno a 2.25 puntos de volatilidad, lo que sugiere que los inversionistas aún no han incorporado completamente el nuevo régimen de precios. El estratega Adam Gillard, de Goldman Sachs, ha enfatizado que los operadores deberían considerar estas opciones como una herramienta efectiva para aprovechar posibles máximos históricos.

En términos relativos, la demanda de inversión ha superado a la tradicional demanda de joyería en China. Durante el primer trimestre de 2025, se vendieron 138 toneladas de lingotes y monedas de oro, un incremento del 29.8% interanual, mientras que el consumo de joyería cayó un 26.9%, quedando por debajo de las 135 toneladas. En valor, la demanda de inversión estableció un récord de 92 mil millones de yuanes, subrayando un cambio cultural hacia la preservación de valor en lugar del consumo estético.

China, con su acción coordinada entre reguladores, bancos centrales y operadores privados, se está posicionando como el principal catalizador de esta nueva era dorada.

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