El riesgo silencioso: que México se estanque (y su patrimonio también)
Sección Editorial
- Por: Guillermo Barba
- 03 Agosto 2026, 00:00
El riesgo silencioso: que México se estanque (y su patrimonio también)
México no necesita caer en una gran crisis para deteriorar poco a poco el patrimonio de millones de familias. No hacen falta escenas de pánico, una devaluación repentina ni un colapso financiero. Basta con que la economía permanezca estancada durante años, que la inversión siga debilitándose, que se creen pocos empleos y que el peso pierda poder adquisitivo de manera constante.
Ese escenario es menos espectacular que una crisis, pero puede resultar igual de dañino para quien permanece inmóvil.
La economía mexicana está mostrando una paradoja muy clara. Por un lado, el sector exportador alcanzó cifras históricas durante el primer semestre de 2026. Las exportaciones totales llegaron a $389,723 millones de dólares, con un crecimiento anual de 24.6%, impulsado principalmente por las ventas manufactureras no automotrices.
Es una buena noticia. Demuestra que México conserva sectores altamente competitivos, empresas capaces de integrarse a las cadenas globales y una ubicación privilegiada junto al mercado más grande del mundo.
Pero esa fortaleza exterior no representa toda la realidad nacional.
Mientras las exportaciones avanzan, la economía interna pierde fuerza. Durante la primera mitad del año se redujeron los empleos subordinados, cayó la inversión y aumentó el número de personas que trabajan por cuenta propia. El autoempleo ya representa alrededor de una quinta parte de la población ocupada.
Emprender puede ser una extraordinaria vía de prosperidad. El problema aparece cuando el autoempleo no surge de una oportunidad empresarial, sino de la necesidad de sobrevivir ante la ausencia de puestos formales. Una economía en la que crece la informalidad, pero no la productividad, corre el riesgo de convertirse en una economía de subsistencia.
Algo similar ocurre con la inflación.
Que el crecimiento anual de los precios haya bajado a 3.10% durante la primera quincena de julio es positivo. Sin embargo, conviene recordar que una inflación menor no significa que los precios estén bajando. Simplemente están aumentando a un ritmo más lento.
Además, parte de esa moderación puede explicarse por una demanda interna débil. Cuando las familias consumen menos, las empresas venden menos y los negocios deben competir mediante descuentos, promociones o reducciones de márgenes. En ese contexto, la menor inflación no necesariamente refleja una economía saludable, sino una economía que ha perdido impulso.
El inversionista mexicano debe observar esta realidad con serenidad, pero también con inteligencia.
Muchas personas creen estar diversificadas porque tienen dinero en distintos bancos, cetes, fondos de inversión, acciones mexicanas y otros instrumentos. Sin embargo, si todo su patrimonio está denominado en pesos y dentro del mismo sistema financiero, siguen dependiendo de una sola economía, una sola moneda y del mismo marco político y regulatorio.
Eso no es una diversificación completa.
Es como repartir los huevos en diferentes secciones, pero dentro de la misma canasta.
La caída de las tasas de interés hace todavía más evidente el problema. Los cetes a 28 días ya pagan alrededor de 6.18%, muy lejos de los rendimientos de dos dígitos que ofrecían anteriormente. Conforme la tasa de referencia continúe bajando, estos instrumentos serán cada vez menos atractivos, especialmente para quienes confunden rendimiento nominal con ganancia real.
Una tasa de 6% puede parecer aceptable, pero, después de descontar impuestos e inflación, el crecimiento real del patrimonio puede ser mínimo. Y si en los próximos años la inflación promedio resulta superior a la observada durante el último cuarto de siglo, la pérdida de poder adquisitivo será todavía más evidente.
La conclusión no es que México vaya a desaparecer ni que todos deban abandonar el país. México ha superado crisis mucho más severas y continúa ofreciendo oportunidades extraordinarias en numerosos sectores.
La conclusión es otra: nadie debe delegar su prosperidad personal al crecimiento del país.
Cada familia debe construir su propia economía. Eso implica generar más fuentes de ingreso, aumentar su productividad, desarrollar negocios, adquirir activos y diversificar una parte del patrimonio fuera del peso y del sistema financiero mexicano.
El verdadero peligro no es que México crezca poco.
El verdadero peligro es acostumbrarse al estancamiento y permitir que el patrimonio familiar se estanque con él.
México puede permanecer años sin crecer de manera significativa, pero uno no tiene por qué hacerlo.
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