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Opinión

México crece, pero no prospera

Inteligencia Financiera Global

México acaba de registrar su mejor crecimiento trimestral desde 2021. Es una buena noticia y hay que reconocerla. 

Durante el segundo trimestre de 2026, la economía creció 1.4% respecto al trimestre anterior y 1.9% frente al mismo periodo de 2025. Después de varios años de crecimiento mediocre, cualquier avance es bienvenido. 

El problema es confundir crecimiento con prosperidad, porque no son lo mismo. La economía mexicana sigue creciendo muy poco y, para este año, probablemente lo haga a una tasa de entre 1.0% y 1.5%, una tasa insuficiente para generar el dinamismo, la inversión, los impuestos, los empleos y la creación de riqueza que necesita el país.

Esa diferencia entre crecer y prosperar se vuelve todavía más evidente cuando se observa otro dato mucho más preocupante por sus implicaciones de largo plazo: mientras México registra su mejor trimestre desde 2021, también se encuentra ya en su peor nivel de libertad económica desde el año 2000.

El Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation coloca al país alrededor de los 59.8 puntos y dentro de la categoría de economía “mayormente no libre”, con debilidades especialmente graves en derechos de propiedad, efectividad judicial e integridad gubernamental. No se trata de una discusión académica. La libertad económica determina qué tan fácil es invertir, emprender, hacer crecer una empresa, contratar trabajadores, proteger una propiedad y confiar en que las reglas del juego seguirán siendo razonablemente estables.

Un empresario puede aceptar riesgo; de hecho, vive de asumirlo. Lo que resulta mucho más difícil de aceptar es la incertidumbre institucional. Quien invierte capital necesita saber que su propiedad estará protegida, que los contratos se respetarán y que, ante un conflicto, existirá un sistema judicial confiable. Cuando esas condiciones se deterioran, el capital no desaparece: busca otro lugar. Estados Unidos, España o cualquier otra jurisdicción que ofrezca mayor certeza jurídica, mejores condiciones para invertir y mayor seguridad patrimonial se convierten naturalmente en alternativas. Por eso, un buen trimestre puede ser celebrado sin perder de vista que no necesariamente modifica una tendencia estructural mucho más profunda.

Una economía puede crecer durante algunos meses por mayor consumo, gasto público, exportaciones o circunstancias coyunturales, pero la prosperidad sostenible requiere mucho más: productividad, inversión, acumulación de capital, innovación, creación de empresas y certeza institucional. Y para todo ello se necesita libertad económica. 

El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado estima que México podría crecer en promedio apenas 1.88% anual durante la próxima década, una cifra que incluso luce optimista. El peligro no es necesariamente enfrentar una gran crisis espectacular, sino algo quizá más dañino a largo plazo, por silencioso: acostumbrarnos a crecer uno, uno y medio o dos por ciento en un buen año y terminar considerando normal una economía incapaz de elevar de forma sostenida el nivel de vida de su población.

A ese problema de bajo crecimiento se suma otro que afecta directamente el bolsillo de las personas: la inflación. 

El Índice Nacional de Precios al Consumidor se ubicó en 3.26% durante la primera quincena de agosto, mientras que la inflación subyacente —la que marca tendencia— continúa alrededor de 4 por ciento. 

Aquí aparece una de las grandes ilusiones del sistema monetario moderno. Imagine que tiene $1,000 pesos guardados en el banco o debajo del colchón y que mañana descubre que solo le quedan $900; al día siguiente aparecen $800 y después $700. Seguramente reaccionaría de inmediato. Sin embargo, la inflación opera de una forma mucho más discreta: usted sigue viendo los mismos $1,000 pesos, su aplicación bancaria continúa mostrando exactamente la misma cantidad y el billete tampoco cambia. Lo que disminuye es lo que ese dinero puede comprar.

Ese es el espejismo del dinero. El saldo permanece, pero el poder adquisitivo se erosiona poco a poco y muchas veces sin que se perciba con claridad a corto plazo. 

Por eso, reducir la inflación a la simple idea de que “suben los precios” es insuficiente. Lo verdaderamente importante es entender que el dinero pierde valor. 

Si una economía como la nacional crece poco mientras, además, su moneda pierde poder adquisitivo a lo largo del tiempo, los ingresos tienen que correr constantemente detrás del aumento de los precios. Y si, además, las condiciones institucionales para generar riqueza se deterioran, resulta difícil hablar de verdadera prosperidad, aunque algún trimestre arroje una cifra positiva.

La conclusión, sin embargo, no debería ser del todo pesimista. 

Hay una parte de esta historia sobre la que cada persona sí puede actuar. No podemos decidir cuánto gastará el gobierno, reformar individualmente al Poder Judicial, determinar qué hará el Banco de México ni controlar la relación comercial con Estados Unidos. Pero sí podemos transformar nuestra propia microeconomía: generar más ingresos, emprender, capacitarnos, invertir mejor, diversificar el patrimonio y, sobre todo, comprender cómo funciona el dinero. Las condiciones macroeconómicas pueden facilitar o dificultar el camino, pero no necesariamente determinan el destino financiero de cada persona.

México puede seguir creciendo poco durante los próximos años. Ojalá no sea así. Pero esperar simplemente a que la economía nacional mejore no es una estrategia. La prosperidad individual no puede depender exclusivamente del crecimiento del país, de las decisiones del gobierno o de que algún día cambien las condiciones externas. 

Si algo enseña la historia es que incluso en contextos difíciles hay personas que siguen creando empresas, generando riqueza, innovando y encontrando oportunidades a pesar de todo. Por eso, la pregunta verdaderamente importante no es solamente cuánto crecerá México, sino qué estamos haciendo nosotros para prosperar, aunque México no lo haga. No es fácil admitirlo, pero ese es el escenario al que nosotros y las próximas generaciones tendremos que enfrentar.

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