En los mercados financieros existe una operación silenciosa que ayuda a explicar buena parte de la fortaleza del peso mexicano: el carry trade.
Su lógica es sencilla: pedir prestado en una moneda con tasas bajas, convertir ese dinero a otra moneda con tasas más elevadas e invertirlo para capturar el diferencial. El problema aparece cuando el tipo de cambio se mueve en contra o cuando cambia el apetito global por riesgo.
México ha sido durante años uno de los destinos favoritos de esta estrategia. Y la razón es evidente: una combinación de tasas relativamente altas, liquidez y un mercado cambiario profundo.
Actualmente, la tasa objetivo de Banco de México se mantiene en 6.50%, mientras que la tasa efectiva de fondos federales de Estados Unidos ronda 3.63%. Pero el ejemplo más interesante es Japón.
Durante 2024, una estrategia popular consistía en financiarse en yenes e invertir en pesos mexicanos. Banque de France documentó un diferencial cercano a 10 puntos porcentuales entre los rendimientos de corto plazo de México y Japón en aquel momento. (Banque de France) Hoy ese diferencial es mucho menor, porque Japón ha normalizado gradualmente su política monetaria y México ha reducido sus tasas.
Pongamos un ejemplo simplificado. Un inversionista obtiene el equivalente a 100 millones de pesos financiándose en una moneda de bajo rendimiento y los coloca en instrumentos mexicanos al 6.50%. Si su costo financiero fuera 1%, tendría un diferencial bruto cercano a 5.5 puntos porcentuales. Pero ese rendimiento no está garantizado: si el peso se deprecia 8% frente a la moneda de financiamiento, puede borrar completamente la ganancia del diferencial.
Aquí está la verdadera clave: el carry trade no es solamente una apuesta por las tasas; también es una apuesta por el tipo de cambio y por la estabilidad financiera mundial. ¿Quién gana? Principalmente los fondos globales, bancos de inversión, hedge funds e inversionistas institucionales capaces de financiarse barato y operar grandes posiciones.
México también se beneficia temporalmente: entran capitales, aumenta la demanda de pesos, se aprecia la moneda y se abarata el costo de importar bienes y servicios. Pero también existen contras.
Una entrada masiva de capital financiero puede fortalecer artificialmente al peso y generar una percepción de estabilidad que no necesariamente corresponde con los fundamentos económicos. Y cuando cambia el escenario, el movimiento puede ser exactamente el contrario.
El mejor ejemplo ocurrió en 2024: el llamado unwind del carry trade del yen provocó fuertes movimientos internacionales.
El BIS ha señalado que monedas utilizadas en operaciones de carry, como el peso mexicano y el real brasileño, pueden sufrir depreciaciones durante episodios de reducción global de riesgo.
Y hoy vuelve a existir una señal de alerta. El yen se ha fortalecido recientemente ante expectativas de mayores tasas del Banco de Japón y una posible repatriación de capitales japoneses. Reuters reportó que el yen ganó aproximadamente 2% durante la semana y que el mercado asignaba una probabilidad cercana al 97% a un aumento de 25 puntos base del Banco de Japón en septiembre.
La conclusión es contundente: el carry trade puede ser un aliado del peso, pero no debe confundirse con fortaleza estructural de la economía mexicana.
Mientras el diferencial de tasas sea atractivo y exista confianza, el capital entra. Cuando las tasas convergen, aumenta la volatilidad o cambia el apetito por riesgo, ese mismo capital puede salir con enorme rapidez.
Por eso, detrás de un peso fuerte no solamente hay exportaciones, remesas, inversión o productividad. También existe un componente financiero internacional que puede cambiar de dirección en cuestión de días.
El verdadero riesgo para México no es que exista carry trade. El riesgo es depender demasiado de él.
