Omar Ibarra Lozano, alias “El 34”, presunto miembro de una célula delictiva, fue ultimado ayer en una avenida transitada de Monterrey junto con otra persona.
Viajaba con su acompañante en pleno mediodía, en un Volkswagen Vento negro, cuando recibió ráfagas de municiones que acabaron con su vida. No hubo daños colaterales.
El hecho ocurre en un Nuevo León que atraviesa su mejor momento de seguridad en más de dos décadas. Los homicidios dolosos se han reducido en el orden del 80 por ciento.
Los promedios diarios de homicidios pasaron de varios dígitos a menos de uno y registramos un afortunado descenso del cuarto al lugar 24 en la tasa nacional de homicidios.
Hechos como el de ayer deben ser tomados con la gravedad que implican, desde luego, y al mismo tiempo sin encender de más las alarmas del escándalo.
¿Por qué? Por una razón psicológica social: el desánimo público, si se suscita después de una muy buena racha de seguridad pública, puede abrir ventanas de oportunidad para que los generadores de violencia incrementen su potencial agresivo.
Y no es eso lo que queremos. Mantengamos, por el bien de los nuevoleoneses, la estrategia de seguridad que combina presencia territorial, inteligencia y coordinación estrecha entre el gobierno estatal y el federal.
Fuerza Civil, con más de 7,000 elementos, división aérea y equipamiento reforzado, es el brazo operativo local.
Pero el factor diferencial es la articulación con la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana que encabeza Omar García Harfuch, y otro organismo que suele ubicarse ante la opinión pública en un punto ciego: el Centro Nacional de Inteligencia (CNI).
Los homicidios de ayer son un hecho totalmente reprobable. No deberían suceder bajo ninguna circunstancia.
Solamente el CNI, sin mencionar otras instancias, ha conseguido más de 24,000 alertamientos para prevenir homicidios, secuestros y enfrentamientos entre grupos criminales solo en Nuevo León.
También ha incrementado 36% su estado de fuerza y abierto cinco centros regionales de fusión de inteligencia.
Pese a eventualidades como la de ayer, la inteligencia es un insumo operativo de primer nivel: anticipa riesgos, identifica amenazas y orienta las detenciones antes de que la violencia se consolide.
La inteligencia frente al crimen organizado abate las amenazas a la seguridad nacional.
La inteligencia del CNI, la coordinación con García Harfuch y la capacidad operativa de Fuerza Civil son las herramientas principales para que se mantenga abatido el crimen organizado en Nuevo León.
Mientras esas piezas funcionen de manera conjunta, Nuevo León podrá sortear incidentes lamentables como el de ayer entre generadores de violencia y sostener la tendencia a la baja de homicidios dolosos.
Cuando se afloja la coordinación entre estas instancias, la violencia vuelve a hacerse visible, como pasa diariamente en otras entidades federativas de cuyo nombre no queremos acordarnos.
