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Opinión

Monterrey, el escenario del mundo

Comentarista de Azteca Deportes

"Sueño con pintar, y luego pinto mis sueños."
— Vincent van Gogh

El Arquitecto y el León. 

No todos los países construyen de la misma manera.

Los Países Bajos construyeron una idea.

Marruecos construyó un carácter.

Y este lunes, en Monterrey, esas dos obras se encontrarán frente a frente.

Los neerlandeses llevan más de medio siglo persiguiendo una obsesión: demostrar que el fútbol puede pensarse antes de jugarse. No buscan únicamente ganar. Buscan fascinar. Cada pase tiene una intención. Cada movimiento responde a un plano. Cada futbolista ocupa un espacio que alguien imaginó mucho antes de que rodara el balón.

Todo comenzó con Rinus Michels. Continuó con Johan Cruyff. Después llegaron Van Gaal y una escuela que nunca dejó de fabricar talento.

Es un atelier donde el fútbol aprendió a dibujar líneas, triángulos y movimientos antes de ejecutarlos. Cruyff dejó los planos. Brian Brobbey, Cody Gakpo y Crysencio Summerville les dan vida. El primero ha firmado tres goles en este torneo; los otros dos, dos cada uno. El diseño sigue produciendo obras.

La generación de dos continentes

Pero enfrente aparece un rival que nunca necesitó manuales.

Marruecos no pertenece a la vieja aristocracia del fútbol. Se abrió paso desafiándola. Fue cuarto lugar del Mundial anterior y, desde entonces, dejó de pedir permiso para sentarse en la mesa de los grandes: comenzó a competirles de frente.

Lo hizo con una generación nacida entre dos continentes: hijos de la diáspora marroquí, forjados en las periferias y academias de Ámsterdam, París, Bruselas, Madrid, Lille o Málaga. Achraf Hakimi creció futbolísticamente en el Real Madrid. Noussair Mazraoui fue moldeado por el Ajax. Sofyan Amrabat nació en los Países Bajos. Bilal El Khannouss, en Bélgica. Ayyoub Bouaddi nació en Senlis, Francia, y se formó en la cantera del LOSC Lille. Brahim Díaz, en Málaga.

Marruecos ya no representa únicamente al norte de África: representa el encuentro entre dos mundos.

Su sangre mira hacia África. Su fútbol también habla francés, neerlandés y español.

Su actuación en Qatar 2022 dejó de ser una sorpresa para convertirse en una declaración de principios: disciplina, valentía y una identidad inquebrantable.

La geometría contra el instinto

Si los neerlandeses representan el laboratorio, Marruecos representa la supervivencia.

Si unos creen que el juego se diseña, los otros demuestran que también se conquista.

Será una batalla entre la geometría y el instinto.

Entre la paciencia y el vértigo.

Entre la tradición de una escuela que revolucionó este deporte y la ambición de una generación que quiere escribir la página más importante de la historia del fútbol marroquí.

Hay partidos que entregan un boleto.

Y hay partidos que explican por qué amamos este juego.

Monterrey recibirá uno de esos.

Una ciudad acostumbrada a las grandes noches verá enfrentarse dos maneras extraordinarias de entender el fútbol.

Porque hay noches que sólo forman parte del calendario.

Y hay otras que terminan formando parte de la historia.

Monterrey soñó durante muchos años con este Mundial. Soñó con recibir un partido de esta magnitud. Como escribió Van Gogh: primero se sueñan las grandes obras; después se pintan. Esta noche ha llegado el momento de pintar ese sueño.

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