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Opinión

ISSSTE entra a la SET

Protágoras

Hay decisiones que, en apariencia, resuelven problemas logísticos y terminan revelando algo más profundo: la manera en que el Estado entiende, o deja de entender, a sus propios trabajadores. 

La propuesta del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado de instalar consultorios dentro de la Secretaría de Educación de Tamaulipas suena, de entrada, a una jugada pragmática, casi obvia; llevar la salud a donde está el derechohabiente, reducir traslados, acortar filas, ganar tiempo. 

Pero en política, lo obvio suele esconder lo pendiente.  Porque si hoy celebramos consultorios de 20 metros cuadrados como una innovación, vale la pena preguntarse por qué el sistema tradicional no logró, durante años, ofrecer esa cercanía sin necesidad de incrustarse en la estructura educativa. ¿Es esto eficiencia o una admisión silenciosa de que la red de atención del ISSSTE ha sido rebasada por la realidad cotidiana de los maestros? 

El impulso del gobernador Américo Villarreal Anaya, con el respaldo de Mario Delgado y Martí Batres Guadarrama, tiene mérito político: Tamaulipas levanta la mano, se adelanta, se monta en una estrategia nacional. Sin embargo, el riesgo está en confundir presencia con solución. Un consultorio no sustituye una clínica funcional, ni la medicina primaria resuelve el rezago estructural de especialidades, abasto o infraestructura.  

Pensar fuera de la caja no es solo cambiar de lugar los servicios, sino replantear su profundidad. Si esta iniciativa escala hacia clínicas con mayor capacidad, si garantiza medicamentos y continuidad en la atención, entonces sí estaremos frente a una política pública que trasciende el anuncio. De lo contrario, será apenas un parche bien intencionado, útil en lo inmediato, pero insuficiente para una deuda histórica con el magisterio.

TAMAULIPAS REDEFINE QUIÉN SALVA VIDAS  

Hay crisis que se atienden con discurso y otras que obligan a decisiones incómodas; la que hoy envuelve a la Cruz Roja Mexicana en Tamaulipas pertenece, sin matices, a la segunda categoría, y por eso el movimiento del gobierno estatal no es menor ni inocuo, porque cuando el Estado decide ocupar el espacio que la sociedad civil deja vacante, no sólo resuelve una urgencia: redefine el equilibrio de responsabilidades.  

El anuncio de fortalecer al Centro Regulador de Urgencias Médicas con personal proveniente de la propia Cruz Roja, la compra de ambulancias y la ampliación de cobertura prehospitalaria, respaldado por el gobernador Américo Villarreal Anaya, tiene una lectura evidente, garantizar que nadie se quede sin atención, pero también una zona gris que conviene mirar sin complacencias: ¿se trata de una solución estructural o de una reacción eficaz ante una coyuntura que, si se prolonga, podría normalizar la sustitución de lo que antes era corresponsabilidad social?

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