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Opinión

El uniforme como coartada

Protágoras

Hay una regla vieja en la política mexicana: cuando no se puede negar el problema, se le administra. Y eso es exactamente lo que está pasando en Tamaulipas. 

Ocho elementos de la Guardia Estatal están señalados por levantar a un empresario en Reynosa el 13 de mayo, frente a su esposa e hijas, al volver de un festival escolar.

La familia juntó $7,000 dólares para recuperarlo. Hay videos, hay denuncia, hay Fiscalía. Y hay dos meses de calendario. ¿La respuesta institucional? 

Los agentes no fueron suspendidos: fueron “concentrados” en Ciudad Victoria, en espera de que termine el procedimiento de Asuntos Internos. Traducción al español de banqueta: no están castigados, están estacionados. Como el coche que se descompuso, pero nadie quiere llevar al taller. 

Nadie discute la presunción de inocencia. Se discute el mensaje. Porque cuando la autoridad tarda más en decidir que el ciudadano en juntar el rescate, la ciudadanía saca su propia conclusión. 

El dato picante: el secretario Carlos Arturo Pancardo Escudero reconoció que la dependencia mantiene abiertas al menos ocho investigaciones por presunta extorsión atribuidas a elementos de la Guardia Estatal, y admitió que en Reynosa ya hubo policías procesados antes por hechos similares.

LA EXPO MILITAR QUE AMÉRICO CONVIRTIÓ EN ABRAZO CON SHEINBAUM 

En Matamoros, el gobernador presumió obra federal frente a los tanques y caminó la frontera del brazo de la diplomacia, esto sucedió en el Parque Olímpico, entre vehículos tácticos, aeronaves y niños formados para subirse a todo lo que tuviera llantas, el gobernador Américo Villarreal Anaya inauguró La Gran Fuerza de México. 

Pero el discurso no fue sobre el Ejército: fue sobre la Federación. Aduanas modernizadas, obra hidráulica, conectividad, logística portuaria, programas sociales. Cada punto, con el sello de la presidenta Claudia Sheinbaum. Traducido a lenguaje de banqueta: el gobernador no vino a cortar un listón, vino a decir que Tamaulipas no está solo. Y que el hilo que lo conecta con Palacio Nacional está grueso. 

La cónsul en Matamoros fue el detalle que le dio altura al acto, así es, durante el recorrido, junto al gobernador caminó Mary Virginia Harnsch, cónsul general de Estados Unidos en Matamoros. No es un dato de sociales, es un gesto. 

Una diplomática estadounidense recorriendo una exposición de las Fuerzas Armadas mexicanas, en plena frontera, es una postal de cooperación en un momento en que el discurso binacional suele venir con ceño fruncido. Matamoros lo mostró al revés: con puertas abiertas. 

Beto Granados resultó ser el anfitrión que puso la casa y no fue comparsa, fue el que abrió la puerta. Traer una exposición de esta escala, fueron 14 módulos, aeronaves, unidades caninas y ecuestres, montaje de semanas, no ocurre por ocurrencia: se gestiona, se coordina y se sostiene con recursos municipales, logística y voluntad política.  

Granados lo dijo sin rodeos: cada visita del gobernador llega con buenas noticias para Matamoros. Detrás de esa frase hay una lectura más fina. El alcalde entendió algo que muchos presidentes municipales tardan un trienio en aprender: la alineación paga.  Municipio con estado, estado con Federación, cuando la cadena está completa, las obras bajan; cuando se rompe, los expedientes se atoran en un cajón.  Y en el año del Bicentenario de Matamoros, doscientos años de que el Congreso tamaulipeco le puso el nombre del héroe insurgente, el alcalde consiguió que la celebración no fuera un desfile más, sino un escaparate nacional.  

Pero hay una lectura de fondo, el general brigadier Rubén Darío Díaz Esparza explicó el propósito de la muestra: acercar a la sociedad con sus institutos armados.  Es la parte menos comentada y quizá la más relevante. El Ejército mexicano ha sostenido durante años altos niveles de aprobación; exposiciones como esta son su manera de mantenerla viva, no con boletines, sino con manos que tocan y ojos que ven. 

Al final, el Parque Olímpico dejó una imagen con tres capas: un gobernador que se mide con la Federación y sale bien parado; un alcalde que dejó de ser espectador y se volvió gestor; y una frontera que, por unos días, se explicó a sí misma sin gritos ni tensiones. La expo estará abierta hasta el 17 de agosto. Vale la pena ir.

¡¡Yássas!!

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