Salió de su casa en la colonia Petrolera a la una de la madrugada del miércoles. Iba a ver a alguien. Nunca dijo a quién. Desde entonces, su teléfono manda todo al buzón.
Erik Sanford Silva trabajó en el ayuntamiento de Reynosa durante la administración de Maki Ortiz. Ese detalle convierte un caso policiaco en un caso político, porque en Tamaulipas, cuando desaparece alguien que estuvo cerca del poder, la pregunta no es solo dónde está: es qué sabía.
Su camioneta GMC blanca, placas ZYV-287-P, ya fue localizada. Extraoficialmente, hay cinco detenidos, una mujer entre ellos, sorprendidos, dicen, usando sus tarjetas bancarias. Ojo con esa frase: extraoficialmente. Hasta las seis de la tarde del miércoles, la Fiscalía no había confirmado nada. Ni un boletín. Ni una ficha de búsqueda.
Aquí el primer punto ciego: un solo medio publicó la historia. Uno. En una ciudad de 690,00 habitantes desapareció un exfuncionario y el resto del país no se enteró.
El silencio no siempre es censura; a veces es costumbre. Y la costumbre es más difícil de combatir que la censura. Y aquí el dato que incomoda: la corporación que hoy encabeza su búsqueda, la Guardia Estatal, tiene, desde hace cinco días, a ocho de sus elementos investigados por un secuestro en Reynosa.
En marzo, otros fueron detenidos por extorsión. Es como pedirle al portero que investigue quién dejó la puerta abierta. Ojalá aparezca. Ojalá alguien conteste el teléfono.
EL PUENTE QUE CARGA A MÉXICO EN LA ESPALDA
Imagine una casa donde quince personas entran y salen por una sola puerta.
Eso es hoy el comercio exterior mexicano.
Por el Puente del Comercio Mundial de Nuevo Laredo pasan unos 14,000 tractocamiones al día y casi el 50% de la carga terrestre que va y viene entre México y Estados Unidos.
En el primer cuatrimestre de 2026 esa aduana registró 1.7 millones de operaciones y recaudó $65,680 millones de pesos. Es la caja registradora más grande de América Latina… y depende de una sola estructura.
Por eso la Secretaría de Economía insiste: la infraestructura ya no da.
El gobierno federal acaba de extender la concesión hasta 2056 y autorizó pasar de 8 a 18 carriles, con más de $1,800 millones de pesos.
Aquí van los puntos ciegos que nadie presume. Uno: más carriles no arreglan un servidor caído. En junio, una falla en los sistemas aduanales paralizó seis horas las operaciones y dejó filas kilométricas.
Dos: el cuello de botella no está sobre el río, sino en los patios del lado gringo. Puente de diez carriles con aduana de dos ventanillas es autopista que termina en terracería.
Tres: la fragilidad quedó desnuda el domingo pasado. La creciente del Bravo y las boyas arrastradas por Texas obligaron a cerrar el cruce, y la carga se fue al Puente Colombia.
El dato picante: mientras Tamaulipas celebra, en el cabildo de Laredo se discute subir peajes para financiar $244 millones de dólares en obras, de los cuales $185 millones son puras expansiones, incluida la de Colombia, que cuesta casi $137 millones.
Traducción: los tráileres que cruzan por Nuevo Laredo podrían terminar pagándole el puente a su competencia. Y Samuel García, gobernador de Nuevo León, ya presume que para 2030 Colombia moverá lo que hoy mueve el Puente III.
La obra va. La pregunta es quién se queda con la carga.
¡¡Yássas!!
