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Opinión

El valor del silencio en la ciudad

El diván interior

Puede que resulte fácil pasar por alto la contaminación acústica en el día a día, pero los sonidos como el tráfico, la construcción y las alarmas de seguridad (en conjunto denominadas entornos sonoros), pueden provocar daños a largo plazo en la salud mental y física de las personas.

Tal vez, querido lector, usted ha aminorado esos sonidos diarios como el paso del tren, los helicópteros llegando a los edificios corporativos, o las zonas de construcción al lado de su colonia que van desde el levantamiento de torres o construcción de líneas de metro, hasta extensiones de supercarreteras.

La contaminación acústica en las ciudades es un peligro creciente para la salud pública, destaca el informe Fronteras 2022: ruido, llamas y desequilibrios del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) trabaja para identificar y llamar la atención sobre los nuevos acontecimientos de interés ambiental. El informe Fronteras del PNUMA continúa avanzando en este trabajo, señalando problemas ambientales y soluciones para respuestas efectivas y oportunas. Algunos problemas pueden ser de índole local, de relativo pequeño impacto en la actualidad, pero pueden tener el potencial de convertirse en un problema de preocupación regional o global si no se abordan con anticipación.

En el capítulo “Escuchar las ciudades: de entornos ruidosos a paisajes sonoros positivos” llama la atención la contaminación acústica y sus impactos a largo plazo en la salud física y mental, junto con las medidas que se pueden implementar para crear paisajes sonoros positivos y restauradores en las zonas urbanas.

Estas molestias y alteraciones conducen a su vez a graves enfermedades cardiacas y trastornos metabólicos, como la diabetes, al tiempo que causan problemas auditivos y una peor salud mental. Los más afectados son los más jóvenes, los ancianos y las comunidades marginadas cerca de carreteras con mucho tráfico y zonas industriales y alejadas de los espacios verdes.

Asimismo, los animales que habitan los entornos urbanos, como aves, ranas e insectos, también sufren el ruido que afecta a la comunicación acústica de la que dependen para sobrevivir.

Una de las soluciones que propone ONU Medio Ambiente para combatir la contaminación acústica en las ciudades es incrementar las zonas verdes en las ciudades.

La vegetación absorbe la energía acústica, además de dispersar el ruido y amplificar los sonidos naturales, ya que atraen la vida silvestre y mejoran el paisaje urbano visual. Las áreas verdes, los patios y los parques urbanos suponen, asimismo, un alivio para escapar del ruido y estimular nuestro bienestar mental.

La agencia para el medio ambiente recalca la necesidad de que los urbanistas tengan todo esto en consideración cuando diseñen las ciudades o nuevos espacios. En definitiva, como señala el informe, los espacios verdes son una solución basada en la naturaleza para generar paisajes sonoros agradables. Y nosotros acá en Monterrey queriendo deshacernos de todo lo verde.

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