El Verde es un gato que muerde
Consultor en estrategia, negociación, comunicación y manejo de crisis. Colabora en distintos medios como analista político enfocado en el poder, sus decisiones y sus consecuencias.
El Partido Verde Ecologista de México le ha resultado a los partidos grandes lo mismo que le resultó al inocente protector de los animales que adoptó a un tigre bebé pensando que era un tierno gatito. Lo alimentó, lo cuidó, lo mimó y, una vez que creció, lo mordió con la intención de comérselo.
El comportamiento de ese espécimen no es nuevo ni tendría por qué asombrar. Lo que sorprende es que, otra vez, alguien cayó en la tentación de mimarlo sin entender que en su ADN está atacar a quien lo ayudó. Regresemos al pasado para entender de lo que hablo:
El PVEM nació y creció al amparo del poder del entonces imparable PRI, pero en el año 2000 se dio la oportunidad de aliarse con el PAN, partido que por primera vez en muchos años se presentaba como una opción real para sacar del poder al partidazo, con un candidato anti-establishment: Vicente Fox. Juntos formaron la Alianza por el Cambio; sin embargo, el PRI mantenía el poder en las cámaras y retuvo la mayoría de las gubernaturas. El PVEM los dejó en 2003.
Para la elección presidencial de 2006 ya estaban aliados con el PRI y, a pesar de perder la presidencia, la alianza seguía fuerte en lo legislativo y por las gubernaturas que controlaban. Para la elección de 2012, una vez más el PVEM se alió con el PRI. Por segunda ocasión lograron “contribuir” al triunfo del presidente de México.
En 2018, se la volvieron a jugar con el PRI; sin embargo, la gran derrota de José Antonio Meade frente a Morena ocasionó que inmediatamente firmaran un nuevo matrimonio con quien ahora ocupaba el máximo poder político de México. A partir de ese momento, el amor entre Morena y el PVEM fue, por decir lo menos, desenfrenado.
Durante ese lapso, juntos ganaron alcaldías, diputaciones locales y federales, senadurías y, para la última elección federal, cuando abrazaron como su candidata a la hoy presidenta de México, Claudia Sheinbaum, hasta gubernaturas le cedieron… hoy ese amor terminó. Una vez más, el gatito se convirtió en tigre y ya dio muestras de su comportamiento histórico. Le torpedearon el plan A y el plan B de la reforma electoral y se han manejado de manera pasivo-agresiva en lo que a la relación política con la Presidenta se refiere.
En días pasados, gritaron a los cuatro vientos que ya no ocupan de Morena, que inclusive en estados clave pueden competir en contra de ellos. El caso más emblemático es el de San Luis Potosí, en donde, en contra de todo y de todos, buscan imponer como candidata a la esposa del actual gobernador de ese estado, Ricardo “el Pollo” Gallardo.
También está el caso de Tamaulipas, donde la dirigencia del Partido Verde actúa como una verdadera oposición, inclusive en ciudades como Reynosa, Ciudad Victoria, Río Bravo y otras más, decidieron darle lucha frontal, ya no al partido que gobierna casi la totalidad del estado, aquí decidieron emprender una ofensiva directa en contra del jefe político de la entidad, el gobernador Américo Villarreal.
Los que no terminan de entender la nueva configuración del poder en ese estado piensan e imaginan que las cosas son igual que en 2025, 2024 o 2023… Hoy vemos un gobernador fortalecido, con gente afín en las posiciones más importantes, con aliados en todos lados y fortaleciendo las áreas más importantes de su administración. El reacomodo que hizo en Finanzas, Salud, Comunicación Social y Desarrollo Urbano y Medio Ambiente obedece a una estrategia que lo fortalece en la última etapa de su gobierno.
Y eso, o no lo ven los verdes, o no lo quieren ver. Por lo menos ahí, el gatito que se convirtió en tigre entenderá a la mala que, afuera, lejos de la sombra de los árboles de la casa que está sobre la Avenida Tamaulipas, pega bien duro el sol.
Veredicto final
“Que les pongan un collar, un bozal y los esterilicen, porque a este paso le van a enseñar a los ratones a morder también…”
