Opinión

El viejo nariz de cobre

Sección Editorial

  • Por: Ricardo Salinas
  • 04 Mayo 2026, 04:58

Entre 1544 y 1551, Inglaterra vivió uno de los más lamentables episodios de su historia económica debido a la desmedida ambición del rey Enrique VIII, durante un periodo que se conoció como el Gran Envilecimiento.

Por aquellos años, Inglaterra enfrentaba severos problemas económicos gracias a los exagerados niveles de gasto del rey, el exorbitante endeudamiento de su gobierno y los cuantiosos recursos que demandaban las guerras en las que estaban involucrados.

Al borde de la debacle financiera, Enrique VIII emitió un decreto secreto para ordenar la reducción de las cantidades de oro y plata con las que estaban hechas las monedas, todo ello a espaldas de la gente. La intención de esta medida era aumentar los ingresos de la Corona a costa de los contribuyentes, produciendo monedas de menor valor.

Con el tiempo y el desgaste, las monedas en circulación fueron perdiendo su recubrimiento de plata y mostrando el metal con el que realmente estaban hechas: el cobre. El engaño era evidente, ya que la protuberante nariz del rey, representado en las monedas, era la primera que mostraba el color cobrizo, con lo que Enrique VIII se ganó el mote de “viejo nariz de cobre” (Old Coppernose).

Esta anécdota, que pudiera resultar divertida, en realidad ilustra un terrible fenómeno: el gran incentivo por parte de distintos gobiernos para monopolizar la emisión del dinero para devaluarlo. Los economistas le llaman inflación, que no es otra cosa que la pérdida gradual y, a largo plazo, exponencial del valor adquisitivo de la moneda.

Esta expropiación ilegal de recursos ha ocurrido a través de los siglos y, cuando los gobiernos la realizan, causan un grave daño a la sociedad, porque:

  • Afecta siempre más a los más pobres.
  • Expropia algo sin tener el derecho moral de hacerlo. Es la forma de impuesto más unilateral que existe.
  • Cuando la inflación se sale de control, la planeación y el desarrollo de los negocios se vuelven casi imposibles, ya que el fenómeno inflacionario es compuesto y, por tanto, exponencial en cuanto a esa pérdida de valor. 

Hay gobernantes que aún creen que emitiendo el doble o el triple de moneda se crea más riqueza. Eso es un engaño que tiene graves consecuencias para la sociedad en su conjunto.

Cuando una moneda tiene valor, quien tiene la capacidad de producirla enfrenta enormes incentivos para crear la mayor cantidad posible y corromper su valor. Esta corrupción fue un factor que influyó en el desplome del Imperio romano y, sólo hasta que en Florencia se retomó la emisión honesta de una moneda de oro, se volvió a un periodo de auge en la civilización europea. La historia nos ha enseñado que las sociedades más prósperas son las que tienen una moneda estable.

Si un gobierno comienza a emitir más dinero sin respaldo de una producción real de bienes o servicios, lo que genera es inflación, que en realidad es una forma de “impuesto oculto” que reduce el poder adquisitivo de la gente común, especialmente los trabajadores y las personas de bajos ingresos.

Vale la pena tenerlo en cuenta, porque en muchas ocasiones los gobiernos olvidan, convenientemente, de dónde viene el dinero.

Sitio: https://www.ricardosalinas.com/
Twitter: @RicardoBSalinas

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