¿Empresario huachicolero formado en Monterrey?
Sección Editorial
- Por: Eloy Garza
- 03 Agosto 2026, 04:59
Es falso, como señalan una y otra vez algunos medios, que el empresario Raúl Rocha Cantú sea oriundo de Monterrey. Nació en Tabasco y sus contactos los forjó en Tabasco, no en Monterrey.
Esos mismos contactos ahora lo han llevado a la ruina. ¿Por qué?
Como muchos lectores saben, Raúl Rocha estudió en la Universidad Regiomontana y forjó buenos amigos gracias a su don de gente.
A los 21 años ya era director general de CYMSA. Se dice que, tras aquel terrible caso del Royale, que causó 52 muertos el 25 de agosto de 2011 durante un atentado perpetrado por un grupo delictivo, el futuro empresarial de Raúl Rocha —uno de los socios— quedaría cancelado. Sin futuro viable.
Sin embargo, Rocha abandonó el país y desde Miami se declaró víctima de extorsión.
En aquel entonces, las autoridades lo exoneraron de responsabilidad penal por negligencia.
Luego, a través de Legacy Holding Group —fundada hacia 2022 y de la que es CEO y presidente—, Raúl Rocha construyó un conglomerado con más de 40 entidades y presencia en 15 industrias.
Soluciones Gasíferas del Sur obtuvo de Pemex, en febrero de 2023, un contrato por más de $740 millones de pesos.
En una entrevista que le hice entonces, Rocha me sostuvo que solo se concretaron $44.2 millones. Me lo demostró con documentos y recursos legales.
En enero de 2024, Legacy Holding compró 50% de Miss Universe por $16 millones de dólares. Pensé que la apuesta la había doblado con más audacia que respaldo económico.
El 21 de noviembre de 2025, Fátima Bosch fue coronada Miss Universo. Surgieron acusaciones de presión por vínculos con su padre, ejecutivo de Pemex. No me consta, pero la sombra de la sospecha permanece.
Lo cierto es que una investigación penal contra Rocha Cantú comenzó a configurarse en noviembre de 2024.
La Fiscalía Especializada en Delincuencia Organizada lo ubicó en una red de tráfico de armas, huachicol y lavado de dinero. El nudo se fue apretando. También se fue formando un enredo jurídico difícil de desenmarañar.
Se emitieron 13 órdenes de aprehensión y, en diciembre, la UIF congeló sus cuentas. Ya para agosto de 2026, la FGR había solicitado otra orden por lavado de dinero, en la que Rocha aparecía, ni más ni menos, como beneficiario controlador de esa estructura financiera.
¿Cuál era esta?
Legacy Holding, cuya alta fragmentación societaria ya no la convertía en un simple grupo diversificado.
¿Acaso su enmarañamiento era deliberado para dificultar la trazabilidad de los recursos?
Las autoridades acusan que esa misma arquitectura habría facilitado la integración de capital ilícito.
Para entender la profundidad de este fenómeno, me gusta recurrir a marcos teóricos. Eso me facilita seguir la ruta del dinero con método.
En el caso de Rocha Cantú recurrí a la teoría del gran economista David Konzevik, fallecido recientemente.
Con la genialidad que caracterizaba a este argentino naturalizado mexicano, y pese a su carácter reacio y a su negativa a escribir artículos o libros, Konzevik diagnosticó la revolución de las expectativas.
Konzevik advertía —me lo explicó personalmente un par de veces— la contradicción de que vivimos en una era donde las aspiraciones de la sociedad crecen a un ritmo exponencial, mientras que la capacidad real de las economías para satisfacerlas avanza a paso lento.
Esta brecha genera una profunda frustración estructural. Raúl Rocha Cantú sería fruto de esas expectativas incumplidas.
¿Por qué? Por la urgencia de alcanzar la cima del prestigio social sin un sustrato sólido; alimentado por el efecto demostración del éxito rápido y desmesurado —como el mundo de los certámenes globales—, que colisiona con un Estado de derecho frágil y una alta impunidad.
En consecuencia, el atajo financiero deja de ser visto simplemente como un delito y se asume como pragmatismo vinculado a gobernantes poderosos.
Bajo esa óptica —donde el olor a huachicol también lo impregna todo—, el caso de Rocha Cantú no sería una simple anomalía criminal, sino el síntoma de una permisividad para glorificar los arreglos turbios con el poder político en turno.
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