¿Te has preguntado cómo acompañar a tus hijos en un mundo que a veces asusta?
Hoy quiero invitarte a reflexionar sobre el papel que tenemos como padres cuando suceden hechos violentos como los que vivimos hace unos días en nuestro país. Sucesos que bloquean carreteras, incendian ciudades, paralizan comunidades y nos recuerdan la fragilidad, la inseguridad y la vulnerabilidad que existen allá afuera.
Mientras todo esto ocurría, mi esposo y yo estábamos sentados en nuestras butacas viendo la final de una competencia de baile de nuestras hijas.
Es extraño ese contraste. Afuera, el miedo. Adentro, la música.
Afuera, la incertidumbre. Adentro, los aplausos.
Es difícil aplaudir y sonreír cuando sabes que el mundo puede ser un lugar incierto.
Ese momento me hizo recordar el libro El poder de la presencia, de Daniel J. Siegel, donde se nos recuerda que el mayor regalo que podemos dar a nuestros hijos es, simplemente, estar presentes.
“Tu misión como progenitor no es impedir que experimenten contratiempos y fracasos, sino proporcionarles los instrumentos y la resiliencia emocional que necesitan para capear las tormentas de la vida y después caminar a su lado a través de esas tormentas”.
Y lo confirmé esa misma tarde.
Cada vez que un grupo terminaba su presentación y entrevistaban a los participantes, muchos se quebraban al responder la pregunta: “¿Quién vino a verte?”. “Mi mamá”. “Mi papá”. “Mi familia”.
Y en esas palabras había algo más profundo que orgullo. Había seguridad.
Ahí entendí algo importante.
El mundo de allá afuera no siempre lo podemos controlar. No podemos evitar todas las noticias, ni todas las amenazas, ni todas las incertidumbres.
Pero sí podemos elegir nuestra presencia.
Y esa presencia construye algo invisible pero poderoso: seguridad emocional.
Nuestra presencia les dice, sin palabras:
“Aquí estoy”.
“No estás solo”.
“El mundo puede ser incierto, pero tu lugar seguro soy yo”.
Tal vez, en el cansancio de la rutina, en las prisas, en los traslados a partidos, festivales, competencias y eventos, no dimensionamos lo que realmente estamos construyendo.
No es solo ir. Es formar en ellos confianza. Es formar en ellos valor. Es formar en ellos una manera de ver el mundo con más amor que miedo.
Porque los niños que crecen rodeados de presencia, atención y cariño son los adultos que salen al mundo a ofrecer lo mismo.
Sé que no es fácil. Sé que es cansado. Sé que implica tiempo, energía y renuncias.
Pero nuestros hijos no necesitan padres perfectos en un mundo perfecto.
Necesitan padres presentes en un mundo imperfecto y cambiante.
Porque nuestra presencia no solo los acompaña. Los protege desde adentro.
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Escríbeme a mi correo y, si tienes alguna idea de temas que quieras que aborde en esta columna, serán bienvenidas tus propuestas: marysol@marysolflores.com
Dra. Marysol Flores Martínez
TedX Speaker · Autora · Consultora · Familióloga
Dra. en Liderazgo y Desarrollo Humano
Maestría en Psicología Neuroeducativa
Maestra de cátedra del Tec de Monterrey
Fundadora de @familiaviva.mx
