Opinión

Enfermedad del poder

Sección Editorial

  • Por: Luis Sampayo
  • 21 Octubre 2025, 00:00

El encabezado de hoy atesora una dolorosa verdad en sus palabras. Como sociedad, hemos sido víctimas constantes de esta terrible enfermedad que ataca democráticamente a todos, parejo y por igual. Pero... ¿qué tendrá "el poder" que irremediablemente enferma a las personas, que por fortuna o para desgracia, llegan a tener contacto con él, para después querer vivir afanosamente abrazado bajo su manto?

Es evidente que el ser humano, por una condición de genética natural y desarrollo humano, para enfrentar la vida, es irremediablemente aspiracionista y busca, por consecuencia, conquistar sus anhelos, deseos o sueños personales en beneficio de su propio bien.

Así pues, aspiracionista es, en conclusión, prácticamente todo aquel ser humano que tiene un deseo legítimo —aunque sea ilegítimo— y que lucha por conquistarlo. Sin embargo, lamentablemente, la falta de valores sociales y principios morales como la rectitud, la lealtad, la honestidad y la honra, entre algunos otros, hace que esa lucha por el bienestar personal sea, muchas veces, desleal, deshonesta y, por supuesto, deshonrosa y, en ocasiones, hasta criminal.

En la construcción personal de la vida, la preparación para enfrentarla es fundamental para aspirar, ejerciendo una plena libertad y, a base de lucha y esfuerzo, conquistar el bienestar en armonía con el resto de la sociedad, empoderándose poco a poco para colocarse en el sitio que, per se, se ha trazado como objetivo.

Sin embargo, esta consecución muchas veces viene acompañado del "poder", que hoy por hoy se ha constituido en una terrible "enfermedad" que, si no es —como toda enfermedad— bien tratada para contrarrestarla a base de esos "medicamentos" que son los valores sociales y principios morales, al menos mantenerla a raya, aqueja no solo a quien "se infecta" de ella, sino a todo aquel que en su entorno depende.

En síntesis, tenemos que el "poder" bien tratado puede ser encaminado por el principio del bien y, con ello, derramar todos los beneficios a su entorno; pero esta "enfermedad" mal tratada desparrama todos sus perjuicios por igual.

Así pues, estimado lector, tenemos hoy como sociedad, que hemos sido victimados por aquellos que en algún momento nos ofrecieron, con sus sueños y sus anhelos de "poder", luchar por el crecimiento, la seguridad, la paz, la armonía y el bienestar social. Sin embargo, el camino para llegar a ello es largo todavía y aún falta mucho para dar el debido cumplimiento que las propias normas del sentido común dictan. 

Por ello veo, estimado lector, en lo particular, el progresivo empoderamiento de algunos políticos locales que han mostrado tener el carácter, la lucidez, sabiduría y madurez de no perder el piso gracias a los valores sociales y principios morales con los que, por destino, han sido criados, por la rudeza de la vida o en el amor de la familia, para honrar con honradez y dignidad los cargos de los que temporalmente son depositarios.

Ojalá que ellos no caigan víctimas de esta terrible enfermedad, a pesar de conocer el antídoto exacto que significan los valores humanos para su cura, pues como sociedad aún seguimos padeciendo, grandemente y en todos los niveles, las secuelas de esta maldita y deleznable enfermedad que significa "el poder".

Por hoy es todo. Medite lo que le platico, esperando que el de hoy sea un hermoso inicio de semana. Por favor, cuídese y ame a los suyos. Me despido honrando la memoria de mi hermano Joel Sampayo Climaco con sus palabras: “Tengan la bondad de ser felices”. Nos leemos aquí el próximo lunes.

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